FIESTA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

Gracia, Amor y Comunión son dones divinos que nos hablan de la cercanía única y diversa del Dios Trinitario. La vida de Dios, se hace vida de alegría, armonía y paz en nosotros. Este saludo de despedida en la carta a la comunidad de los Corintios, se usa como saludo de bienvenida y comienzo de la Eucaristía.

El vocablo Trinidad significa tres en unidad. La Santísima Trinidad no es en una fórmula del catecismo o un dogma, sino un acontecimiento y una revelación.

Pero conviene recordar el catecismo: El Padre es Dios, el Hijo es Dios y el Espíritu Santo es Dios; son tres personas distintas y un solo Dios verdadero. No tratemos de entender este Misterio, que, como cuenta la leyenda, ni san Agustín pudo comprender; mejor tratemos de descubrir lo que estas divinas personas hacen por nosotros y la forma de comunicarnos con estas Tres Divinas Personas en la oración, en las celebraciones litúrgicas y en la vida.

En toda la Biblia no se menciona a la Santísima Trinidad, pero sí encontramos muchos textos donde se mencionan al Padre, al Hijo y al Espíritu.

Citaremos dos textos bíblicos donde se mencionan directa o indirectamente a las tres divinas personas.

«Todo lo que tiene el Padre. también es mío; por eso les he dicho que todo lo que el Espíritu les dé a conocer, lo recibirá de mí.» Juan 16,15

«Este evangelio se refiere a su Hijo.. ... Hijo poderoso de Dios según el Espíritu santificador…»  Romanos 1,3-7

¿Qué revelan las Sagradas Escrituras sobre el actuar del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo?

En resumen decimos que nos revelan a un único Dios: Creador, Salvador y Santificador.

Dios Trinidad amorosamente nos busca y encuentra en la historia y en la vida comunitaria y personal. Dios, prevé y provee nuestras necesidades, le llamamos Divina Providencia, identificada plenamente con la Santísima Trinidad.

Consideramos tres dimensiones inseparables de la Trinidad en su relación con la humanidad Dios provee los bienes de creación, de salvación y santificación para que nos realicemos como personas.

El Apocalipsis presenta a la Divina Providencia con símbolos. Los cuatro seres vivientes, llenos de ojos para ver y prever y cubiertos de alas para proteger. La Providencia de Dios, se hace presente en todos los rumbos y rincones de la tierra con distintas características. «Cada uno de los cuatro seres vivientes tenía seis alas, y estaban llenos de ojos por fuera y por dentro» (Apoc 4,8).

La Providencia Trinitaria necesita de medios y mediaciones, de nuestros ojos y brazos y de nuestros servicios solidarios para cultivar la vida humana.

La realización humana incluye la divina, pues fuimos creados y somos llamados para ser imagen y semejanza de Dios, capaces de conocer la verdad, amar el bien y gozar la belleza. La Santísima Trinidad de muchas maneras nos va acompañando para que podamos vivir como hijos de Dios y como hermanos.

Dios es nuestro Padre-Madre, nuestro Hermano y nuestro Amigo. Es posible y hermoso tener una relación personal con cada una de las tres divinas personas y a la vez creer que así amamos al único Dios.

En los sacramentos vivimos un encuentro con Dios Trinidad, al que nos busca y a quien buscamos. Recordemos el Bautismo y la Eucaristía, puerta de entrada y mesa de encuentro en nuestro caminar en el seguimiento de Jesús.

¿Cómo vivimos la presencia de la Santísima Trinidad en el Bautismo?

Jesús, en su aparición de la montaña, nos dio una vocación y una misión: «Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos y bautícenlos para consagrarlos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo» (Mt 28,19). Por eso al bautizarnos, con el agua, símbolo de la gracia (la vida divina), se pronunciaron estas palabras: Yo te bautizo en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Por el bautismo somos sumergidos en la vida trinitaria para toda la vida. Somos bautizados en su nombre: Dios-Trinidad, para que al ponernos nuestro nombre nos pongamos a sus órdenes y también Dios Trinidad se pone a nuestras órdenes. Lo hacemos como en toda presentación seria y sincera, con un compromiso mutuo y para siempre.

Inspirada en el libro “Tiempo de Pascua” del R. P. Javier Saravia, S. J., editado por Buena Prensa, México, 2005