FIESTA DEL NACIMIENTO DE MARÍA
Para
meditar sobre la fiesta del nacimiento de María, cabe recordar que es únicamente
en los «evangelios apócrifos» donde se hace referencia a la narración del
nacimiento de la Madre del Salvador, y estos, plagados de fantasías emocionadas
y de hechos inverosímiles.
Incluso es ahí dónde se hace alusión a que los nombres de sus padres eran Joaquín y Ana No obstante, estos relatos son utilizables en el ámbito de las simbologías y pueden ser usados como interpretaciones.
En las lecturas bíblicas no se concentra una atención directa en María, dado que faltan las fuentes relativas a su nacimiento. Por consiguiente, la meditación sobre este acontecimiento tiene que pasar al menos por una afirmación central en ellas: la importancia particular de ese nacimiento.
Semejante observación puede parecer obvia; sin embargo, nos introduce en la búsqueda del sentido profundo, más allá de la crónica, de una existencia desde la perspectiva de la fe en Dios y desde la confianza en la nueva criatura que llega al mundo humano.
El punto fuerte en el descubrimiento de la importancia de un nacimiento, está en el descubrimiento de que Dios es el protagonista de ese nacimiento y del destino de esa persona.
La presencia determinante e indispensable de Dios como protagonista, se encuentra en consecuencia, y por analogía, también en el nacimiento y en la vida de María.
Dentro de las Escrituras, el oráculo de Miqueas 5,1-3 se refiere a la fuente de un nacimiento proyectado por Dios:
En cuanto a
ti, Belén Efratá,
la menor entre los clanes de Judá,
de ti sacaré al que ha de ser
el gobernador de Israel;
sus orígenes son antiguos,
desde tiempos remotos.
Por eso él los
abandonará hasta el momento
en que la parturienta dé a luz
y el resto de sus hermanos vuelva
con los hijos de Israel.
Pastoreará
firme
con la fuerza de Yahvé,
con la majestad del nombre de Yahvé su Dios.
Vivirán bien,
porque entonces él crecerá
hasta los confines de la tierra.
la cita de éste en Mt 2,6
denota una convicción mesiánica, traducida por el evangelista en una convicción
cristológica y contextualmente mariológica.
La relectura de otro oráculo (Is 7,14) por parte del mismo evangelista señala en la virgen parturienta, María, a la madre designada por el mismo Dios y envuelta en el abismo místico de la comunión con el Espíritu Santo, el «Señor que da la vida».
La importancia del nacimiento de María se deduce también a través de la prefiguración de ella en aquellos que fueron llamados por Dios según su designio, conocidos desde siempre, predestinados, justificados (la singular redención anticipada de la Inmaculada) y glorificados.
ORACIÓN
Santa
María, hija del Dios de la vida,
criatura nacida en medio de la alegría,
arca de la gracia plasmada por el Espíritu,
salve. Madre del Viviente,
canta aún por nosotros la alabanza al Todopoderoso
y guía la gratitud por toda vida que nace
y madura junto a nosotros.
Mujer
destinada por adelantado a la existencia
para abrir la vida al Hijo del hombre,
el vencedor de la muerte con su resurrección,
acompáñanos en el camino y en las pausas de la vida.
Virgen solitaria, presencia amorosa y servicial
en nuestra historia, acoge la oración de tus siervos,
e intercede por nosotros.