EXALTACIÓN DEL PAPEL DE SAN JOSÉ EN LA NAVIDAD
Frente al misterio divino, José supo siempre mantener el tono justo. No se dejó llevar por sentimientos humanos. No puede comprender lo que percibe en María y no quiere penetrar el misterio. Más bien se aparta, con tímida y respetuosa veneración, abandonándose a la voluntad de Dios y dejando en sus manos todo lo demás.
Pero
en cuanto comprende cuál es la voluntad divina, no duda un instante ni opone
dificultades, en seguida lleva a la práctica lo que el ángel le había mandado.
Sólo él, totalmente dispuesto a obedecer al Señor, podrá escuchar su Palabra y colaborar en su obra, porque sólo sabe obedecer quien sabe escuchar.
Y José obedece a la Palabra, la pone en práctica, declarándose con sus obras dócil instrumento en manos del Altísimo. José no quiere nada para sí, sólo pretende estar sencillamente a disposición de Dios.
Toma consigo a María, su esposa, pero no para poseerla como esposa, sino para cumplir la voluntad de Dios, para que ella pueda dar a luz a su Hijo.
Será él, José, quien también por obediencia, imponga el nombre al hijo. Ese nombre en torno al cual gira el universo y por cuya voluntad, todo ha sido creado: Jesús, el Mesías.
El Antiguo y el Nuevo Testamento, las palabras de los profetas y las de Dios, el nombre y su significado, lo divino y lo humano confluyen en aquel que une todo y a todos: Jesús, el Mesías Salvador
Autor: R. Grotzwiller, Obra: “Meditationen über Matthcus”, Einsiedeln 1957.