EVANGELIZACIÓN y "Acontecimiento Guadalupano"
Es
bien sabido cómo la fe católica se propagó en estas tierras en medio de
acontecimientos novedosos y a veces dramáticos, y cómo la labor de los
evangelizadores fue abriéndose paso entre graves dificultades, pero nunca sin el
auxilio divino.
La labor evangelizadora y el ingenio pedagógico de los misioneros estuvieron siempre acompañados por la acción de la gracia, a través de la presencia suave y vigorosa de María, la Madre del Redentor:
"En nuestros pueblos, el Evangelio ha sido anunciado presentando a la Virgen María como su realización más alta"1.
Múltiples devociones marianas han fecundado la labor de los evangelizadores a lo largo y ancho del País. Sin embargo, fue el Acontecimiento Guadalupano, el encuentro y diálogo de Santa María con el indígena Juan Diego, el que obtuvo un eco más profundo en el alma del pueblo naciente, cualitativamente nuevo, fruto de la gracia que asume, purifica y plenifica el devenir de la historia.
El
lenguaje utilizado en el encuentro del Tepeyac, como vehículo de inculturación
del Evangelio, constituyó un itinerario espiritual, al conjugar palabras y
gestos, acción y contemplación, imágenes y símbolos. Todos estos elementos
enriquecieron la capacidad de esta cultura sobre su experiencia de Dios,
facilitando la aceptación gozosa del mensaje salvador.
Se actualizó así, desde el Tepeyac, esa novedad propia del Evangelio que reconcilia y crea la comunión, que dignifica a la mujer, que convierte al macehual en hijo y a todos nos hace hermanos. Esta nueva fraternidad propició un crecimiento en humanidad, de manera que este germen, sembrado por Santa María de Guadalupe en el alma del pueblo creyente, se ha ido desarrollando poco a poco, haciéndose presente especialmente en los momentos más significativos y dramáticos de nuestra historia.
Es un acontecimiento fundante de nuestra identidad nacional.
1 III CONFERENCIA GENERAL DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO, Puebla, 1979, n. 282.
Tomada de de la Carta Pastoral de lo s Obispos de México, “Conmemorar nuestra historia desde la fe, para comprometernos hoy con nuestra Patria” (Num. 11), editada por la Conferencia del Episcopado Mexicano, México 2010