ESTE ANUNCIO ES PARA TI
¿Hace mucho que no recibes un anuncio?
Pues hoy te llega uno personal, con nombre y apellido
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«Empresa en expansión busca personas activas, sinceras, alegres, disponibles, serviciales... para trabajar al servicio de un Reino. Puesto de trabajo fijo, "bien remunerado" y exento de competitividad. Formación a cargo de la empresa. Abstenerse personas aletargadas» |
Ante este anuncio escuchamos diversas respuestas:
- ¡Ah, si me hubiera llegado este anuncio cuando tenía veinte años menos! ¡Cuántas cosas hubiera hecho! Pero, ahora, es ya demasiado tarde.
- Fíjate, precisamente ahora que ya tenemos los hijos «creciditos» nos llega el anuncio. Ahora que podemos viajar, salir, divertirnos... ¡Que trabajen los jóvenes, que para eso están!
- ¡Qué vida tan complicada la nuestra! Imposible responder al anuncio. Llevamos casados tan poco tiempo que entre el trabajo y los niños no nos queda ni un minuto para saber que existimos.
- Yo tan joven. La juventud es para disfrutarla, ya tendré tiempo de hacer estas cosas cuando sea mayor.
Y
yo me pregunto: si no pueden trabajar los jóvenes, ni los menos jóvenes, ni los
que son un poco mayores, ¿se parará la creación que el Señor puso en nuestras
manos para que la continuásemos?
Día tras día, los que siguen creyendo en la persona nos repiten, a cada uno de nosotros:
- Necesito gente que no huya de los compromisos. Necesito jóvenes alegres y dinámicos que no se echen para atrás a la hora de anunciar el evangelio.
- Necesito personas valientes que no se escondan a la hora de dar un testimonio de vida.
Día tras día, los que siguen creyendo en el matrimonio tratan de reunirnos y nos dicen:
- El Señor ha puesto en sus manos la gracia de un sacramento para que se amen, se ayuden, se comprometan y sean espejo del amor de Dios en el mundo, cuando los demás vean cómo se aman.
Cada
cierto tiempo, esos que han creído en las personas tratan de reunirse con estos
grupos generosos que se esfuerzan en trabajar por el Reino y los acompañan, los
guían, les enseñan y les ayudaban en su trabajo.
Pero ven que sigue habiendo mucho por hacer, muchos por invitar, muchos por responder.
- Hay demasiada gente que hace oídos sordos a la llamada. Les cuesta integrarse, están muy bien sin compromisos y el miedo a dejar la comodidad y la tranquilidad les hace permanecer sentados en su sillón viendo la televisión, comiendo bien y dándose algún capricho.
Pero ellos no se rindieron. Al ver que los llamados no querían crecer, ni madurar, ni hacerse adultos, los mandaron de nuevo para que salieran a su encuentro a decirles:
Los necesitamos. Los necesita mucha gente que espera su valía, su generosidad y su servicio.
Y aunque parezca una utopía, muchos al oír esto salieron de sí mismos, uniéndose a los que les abrían sus puertas, para regalarles su amistad y compartir con ellos.
Así empezaron a surgir movimientos y grupos. A ellos llegó la ilusión y las ganas de dar y darse; en ellos se vivía la alegría y se les veía florecer.
Pero en todo lo que tiene vida, lo queramos o no, llega el acomodamiento, la rutina, el sopor... y, sin saber cómo, el frío va penetrando por sus rendijas tratando de congelar lo que hay dentro.
Por eso hoy, con este anuncio de salvación, quiero plantearos, de nuevo, la oportunidad que se nos presenta de recomenzar, de tomárnoslo en serio, de no dejar las cosas para otra ocasión mejor. «No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy». ¿Has pensado que quizá mañana sea tarde?
El
tiempo que pasa es irrecuperable; por eso ha de ser hoy cuando, como María,
optes en serio por Cristo. No intentes demorarlo, no mires a otro sitio. Es a
nosotros, a ti y a mí, a los que se nos llama para que empecemos, de nuevo, a
caminar juntos en familia, en comunidad, como Iglesia...
Invita a los que te encuentres en el camino, anímalos a venir, a vivir lo que tú vives, a que se apasionen por Jesús lo mismo que tú te has apasionado por El.
Deja de lado los condicionamientos, no te aferres a la edad, no pongas de excusa los años, date cuenta de que para Dios la edad debe de tener muy poca importancia a la hora de llamamos a trabajar en su Reino.
- Mira cómo llamó a María, joven de temprana edad.
- Pero también llamó a los apóstoles, a Saulo, a Zaqueo, mayores que ella.
- Llamó a Zacarías e Isabel, cuando nadie lo esperaba.
¿No nos queda claro que Dios mira a las personas de distinta manera que nosotros?
Del libro “Caminar en Adviento, celebrar la Navidad” de Julia Merodio editado por San Pablo. Madrid 2006