ESQUEMA DEL ADVIENTO
Inicia
con las vísperas del domingo más cercano al 30 de Noviembre y termina antes de
las vísperas de la Navidad. Los domingos de este tiempo se llaman 1°, 2°, 3° y
4° de Adviento. Los días del 16 al 24 de diciembre (la Novena de Navidad)
tienden a preparar más específicamente las fiestas de la Navidad.
El tiempo de Adviento tiene una duración de cuatro semanas. Este 2011, comienza el domingo 27 de noviembre, y se prolonga hasta la tarde del 24 de diciembre, en que comienza propiamente el tiempo de Navidad.
Podemos distinguir dos periodos.
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En orden a hacer sensible esta doble preparación de espera, la liturgia suprime durante el Adviento una serie de elementos festivos.
De esta forma, en la misa ya no rezamos el Gloria, se reduce la música con instrumentos, los adornos festivos, las vestiduras son de color morado, el decorado de la Iglesia es más sobrio, etc.
Todo esto es una manera de expresar
tangiblemente que, mientras dura nuestro peregrinar, nos falta algo para que
nuestro gozo sea completo. Y es que quien espera es porque le falta algo. Cuando
el Señor se haga presente en medio de su pueblo, habrá llegado la Iglesia a su
fiesta completa, significada por solemnidad de la fiesta de la Navidad.
Tenemos cuatro semanas en las que Domingo a Domingo nos vamos preparando para la venida del Señor:
La primera de las semanas de adviento está centrada en la venida del Señor al final de los tiempos. La liturgia nos invita a estar en vela, manteniendo una especial actitud de conversión.
La segunda semana nos invita, por medio del Bautista a «preparar los caminos del Señor»; esto es, a mantener una actitud de permanente conversión. Jesús sigue llamándonos, pues la conversión es un camino que se recorre durante toda la vida.
La tercera semana preanuncia ya la alegría mesiánica, pues ya está cada vez más cerca el día de la venida del Señor.
Finalmente, la cuarta semana ya nos habla
del advenimiento del Hijo de Dios al mundo. María es figura, central, y su
espera es modelo estímulo de nuestra espera.
En cuanto a las lecturas de las misas dominicales, las primeras lecturas son tomadas de Isaías y de los demás profetas que anuncian la Reconciliación de Dios y, la venida del Mesías.
En los tres primeros domingos se recogen las grandes esperanzas de Israel y en el cuarto, las promesas más directas del nacimiento de Dios.
Los salmos responsoriales cantan la salvación
de Dios que viene; son plegarias pidiendo su venida y su gracia. Las segundas
lecturas son textos de San Pablo o las demás cartas apostólicas, que exhortan a
vivir en espera de la venida del Señor.
El color de los ornamentos del altar y la vestidura del sacerdote es el morado, igual que en Cuaresma, que simboliza austeridad y penitencia.
Son cuatro los temas que se presentan durante
el Adviento:
I Domingo
La vigilancia en espera de la venida del
Señor. Durante esta primer semana las lecturas bíblicas y la predicación son una
invitación con las palabras del Evangelio: "Velen y estén preparados, que no
saben cuándo llegará el momento". Es importante que, como familia nos
hagamos un propósito que nos permita avanzar en el camino hacia la Navidad; ¿qué
te parece si nos proponemos revisar nuestras relaciones familiares? Como
resultado deberemos buscar el perdón de quienes hemos ofendido y darlo a
quienes nos hayan ofendido para comenzar el Adviento viviendo en un ambiente de
armonía y amor familiar. Desde luego, esto deberá ser extensivo
también a los demás grupos de personas con los que nos relacionamos diariamente,
como la escuela, el trabajo, los vecinos, etc. Esta semana, en familia al igual
que en cada comunidad parroquial, encenderemos la primer vela de la Corona de
Adviento, color morada, como signo de vigilancia y deseos de conversión.
II Domingo
La conversión, nota predominante de la
predicación de Juan Bautista. Durante la segunda semana, la liturgia nos invita
a reflexionar con la exhortación del profeta Juan Bautista: "Preparen el
camino, Jesús llega" y, ¿qué mejor manera de prepararlo que buscando ahora
la reconciliación con Dios? En la semana anterior nos reconciliamos con las
personas que nos rodean; como siguiente paso, la Iglesia nos invita a acudir al
Sacramento de la Reconciliación (Confesión) que nos devuelve la amistad
con Dios que habíamos perdido por el pecado. Encenderemos la segunda vela morada
de la Corona de Adviento, como signo del proceso de conversión que estamos
viviendo.
Durante
esta semana puedes buscar en los diferentes templos que tienes cerca, los
horarios de confesiones disponibles, para que cuando llegue la Navidad, estés
bien preparado interiormente, uniéndote a Jesús y a los hermanos en la
Eucaristía.
III Domingo
El testimonio, que María, la Madre del
Señor, vive, sirviendo y ayudando al prójimo. Coincide este domingo con la
celebración de la Virgen de Guadalupe, y precisamente la liturgia de
Adviento nos invita a recordar la figura de María, que se prepara para ser la
Madre de Jesús y que además está dispuesta a ayudar y servir a quien la
necesita. El evangelio nos relata la visita de la Virgen a su prima Isabel y nos
invita a repetir como ella: "Quién soy yo para que la madre de mi Señor venga
a verme?.
Sabemos que María está siempre acompañando a
sus hijos en la Iglesia, por lo que nos disponemos a vivir esta tercer semana de
Adviento, meditando acerca del papel que la Virgen María desempeñó. Te
proponemos que fomentes la devoción a María, rezando el Rosario en familia, uno
de los elementos de las tradicionales posadas, que inician el próximo día
16. Encendemos como signo de espera gozosa, la tercer vela, color rosa, de la
Corona de Adviento.
IV Domingo
El anuncio del nacimiento de Jesús hecho
a José y a María. Las lecturas bíblicas y la predicación, dirigen su mirada a la
disposición de la Virgen María, ante el anuncio del nacimiento de su Hijo y nos
invitan a "Aprender de María y aceptar a Cristo que es la Luz del Mundo".
Como ya está tan próxima la Navidad, nos hemos reconciliado con Dios y con
nuestros hermanos; ahora nos queda solamente esperar la gran fiesta. Como
familia debemos vivir la armonía, la fraternidad y la alegría que esta cercana
celebración representa. Todos los preparativos para la fiesta debieran vivirse
en este ambiente, con el firme propósito de aceptar a Jesús en los corazones,
las familias y las comunidades. Encendemos la cuarta vela color morada, de la
Corona de Adviento.