ESPIRITUALIDAD IGNACIANA

Las tandas de Reflexiones, Retiros y Ejercicios Espirituales que organizan las Congregaciones Marianas, se basan en la espiritualidad Ignaciana, que se deriva de la experiencia vivida y difundida por san Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús,  para ayudar a la gente a encontrarse con un Dios que:

Se trata de experiencias que implican un encuentro fuerte, vivo, personal, que compromete a la persona que sigue esa gimnasia espiritual, y que lo lleva a entender y experimentar a Jesús resucitado que lo está llamando a conocerlo y a colaborar con la misión que Él mismo tuvo: dar a conocer la Buena Nueva.

Para poder lograr este objetivo, se requieren ciertas condiciones tales como: la disposición que debe tener la persona para destinar algo de su tiempo para participar de esta experiencia (aceptación del encierro), el contar con un lugar adecuado para desarrollarla (la Casa de Ejercicios “San José”, en Tlalpan, lugar debidamente acondicionado para llevarlos a cabo), y el guardar silencio y compostura durante el tiempo que duran los mismos, tanto por interés propio, como por el de los demás participantes.

Mientras san Ignacio en su etapa de soldado, se restablecía de una herida en la pierna, que le hizo una bala de cañón, tuvo una serie de experiencias internas que sacudieron enérgicamente su vida y lo llevaron a encontrarse con una verdad gozosa:

San Ignacio plasmó esta experiencia en su obra de los Ejercicios Espirituales, práctica por medio de la cual, la persona que los desarrolla puede:

Precisamente el término «Ejercicios» indica que no debe pensarse en una simple secuencia de «meditaciones», sino más bien de prácticas a través de las cuales intentamos llegar a «algo».

Podría pensarse que este método podría haber pasado de moda, pues se desarrolló a principios del siglo XVI. Sin embargo, se ha comprobado que conserva plenamente su vigencia, porque en la vida cotidiana de cada persona, ayuda a:

El método ignaciano ha ayudado a formar cristianos alimentados por una experiencia personal de Dios, capaces de comprometerse en el esfuerzo apostólico, así como de distanciarse de los falsos absolutos de ideologías y sistemas.

A muchos de ellos, les ha proporcionado una vida en el Espíritu más vigorosa, un amor cada vez más personal al Hijo, que carga con su cruz, y el deseo de poder "en todo amar y servir”, lema que adoptó san Ignacio para la Compañía de Jesús.

Este método, es el que sigue el Director de esta experiencia espiritual, en la que estás interesado en participar.

Las Congregaciones Marianas de la Parroquia de la Sagrada Familia en la Colonia Roma, han tenido durante más de 50 años como una de sus obras apostólicas más preciadas, ésta de Retiros y Ejercicios; habiendo recibido la gracia del Señor de contar con recursos para adecuar y sostener la Casa de Ejercicios donde se llevan a cabo estos eventos.

En su momento, el sacerdote que lo dirige, ampliará esta exposición, y da instrucciones precisas para tratar de obtener los mayores frutos espirituales de esta experiencia.

A todas las personas que se inscriban, les recomendamos llegar puntualmente a la Casa de Ejercicios para que se les asigne habitación y se llenen algunos formatos que se entregan al Director, para conocer las inquietudes más apremiantes del participante (para mayor facilitad se les proporciona también al inscribirse, algunas instrucciones y un plano para  llegar).

Para aclarar dudas comunicarse al 5604 4672 con el Congregante Mariano Alfonso Marín

  ESPIRITUALIDAD IGNACIANA Y EJERCICIOS ESPIRITUALES
Peter Hans Kolvenbach, S. J.

Los Ejercicios Espirituales son una experiencia que inició san Ignacio para ayudar a los demás a encontrarse con un Dios que no está mudo, y que no vive lejos, más arriba de la bóveda celeste.

Un encuentro fuerte, vivo, personal, que compromete a quien sigue generosamente esa gimnasia espiritual y que lo lleva a entender y experimentar que Jesús resucitado llama a colaborar con la misión que Él mismo tuvo: dar la Buena Noticia.

Son un benéfico terremoto interior. Mientras Ignacio se restablecía de la herida en la pierna -que le hizo una bala de cañón, durante la defensa de Pamplona ante los franceses- tuvo una serie de experiencias internas que sacudieron enérgicamente su vida y lo fueron llevando a encontrarse con una verdad gozosa: quien está resuelto a oír al Señor, puede escuchar su voz, llegar a conocer, por medio del discernimiento, la voluntad de Dios y tomar las decisiones importantes siguiendo el impulso del Espíritu.

Esta misma experiencia es la que Ignacio facilita a sus compañeros de estudio, cuando les da los Ejercicios Espirituales. Todos ellos también encontraron, por medio de estas prácticas, que eran capaces de oír a Dios, que podían crecer en libertad, seguir radicalmente a Cristo, amar a Dios metidos en el mundo, a un Dios que vive, trabaja y ama en el mundo.

Desde entonces, los Ejercicios Espirituales, el método que Ignacio describió cuidadosamente, son la base de la formación de los jóvenes jesuitas y nuestro ministerio más típico.

El libro de los Ejercicios, compuesto en los albores del Renacimiento y en la época de la Reforma, debería haber pasado de moda ya hace tiempo. Sin embargo, conserva plenamente su actualidad. Porque en la vida concreta de cada día los Ejercicios ayudan a releer personalmente toda la obra de la salvación, para descubrir la voluntad amorosa de la divina Majestad sobre cada uno de nosotros, por medio de un conocimiento cada vez más personal del Señor Jesús, bajo la moción sensible del Espíritu y, cuando reconocemos su acción siguiendo las enseñanzas de los Ejercicios, nos impulsa a encarnar por medio de la "elección" que Él nos inspira, el mayor servicio que actualiza hoy en nuestra vida la Obra de Cristo.

Los Ejercicios Espirituales ayudarán también a formar cristianos alimentados por una experiencia personal de Dios y capaces, al mismo tiempo, de distanciarse de los falsos absolutos de las ideologías y sistemas, para comprometerse en el esfuerzo apostólico único de la promoción integral -espiritual, social y cultural- del hombre y de la humanidad.

De ellos obtenemos una vida en el Espíritu más vigorosa, un amor cada vez más personal al Hijo, que carga con su cruz, y un deseo más encarnado de poder "en todo amar y servir".