EL ESPÍRITU SANTIFICADOR DE LA IGLESIA
Consumada la obra, que el Padre confió el Hijo en la tierra, como lo dijo Jesús:
«Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste realizar» (Jn., 17,4)
Fue
enviado el Espíritu Santo en el día de Pentecostés, para que santificara a la
Iglesia, y de esta forma los que creen en Cristo pudieran acercarse al Padre en
un mismo Espíritu:
«Por él, unos y otros tenemos libre acceso al Padre en un mismo Espíritu»
(Ef.
2,18)
Él es el Espíritu de la vida, o la fuente del agua que salta hasta la vida eterna:
«….. el que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le dé se convertirá en él en fuente de agua que brota para vida eterna» (Jn., 4,14)
«….”el que cree en mí, - como dice la Escritura- De su seno correrán ríos de agua viva” Esto lo decía refiriéndose al Espíritu que iban a recibir los que creyeran en Él. Porque aún no había Espíritu, pues todavía Jesús no había sido glorificado» (Jn., 7,38-39)
Él
es el Espíritu, por quien vivifica el Padre a todos los hombres muertos por el
pecado hasta que resucite en Cristo sus cuerpos mortales:
«…..mas si Cristo está en vosotros, aunque el cuerpo haya muerto ya a causa del pecado, el espíritu es vida a causa de la justicia. Y si el Espíritu de Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, Aquel que resucitó a Cristo de entre los muertos dará también la vida a vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que habita en vosotros» (Rom., 8-10-11)
El Espíritu habita en la Iglesia y en los corazones de los fieles como en un templo:
« ¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros? »...(1Cor., 3,16
¿O no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en vosotros y habéis recibido de Dios, y que no os pertenecéis? (1Cor., 6,19)
Y
en ellos ora y da testimonio de la adopción de hijos:
«Y, como sois hijos, Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama: ¡Abbá, Padre! » (Gal., 4,6);
«Y vosotros no habéis recibido un espíritu de esclavos para recaer en el temor; antes bien, habéis recibido un espíritu de hijos adoptivos que nos hace exclamar: ¡Abbá, Padre! El Espíritu mismo se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios» (Rom., 8,15-16).
«Y de igual manera, también el Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza. Pues nosotros no sabemos pedir como conviene; mas el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables» (Rom., 8,26)
Con diversos dones jerárquicos y carismáticos dirige y enriquece con todos sus frutos a la Iglesia:
«Él mismo dispuso que unos fueran apóstoles; otros, profetas; otros, evangelizadores; otros, pastores y maestros, para la adecuada organización de los santos en las funciones del ministerio, para edificación del cuerpo de Cristo» (Ef., 4, 11-12;
«Hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu» (1Cor., 12-4)
«En cambio el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad» (Gal., 5,22)
Iglesia
a la que guía hacía toda verdad:
«Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os explicará lo que ha de venir» (Jn., 16,13)
Iglesia a la que unifica en comunión y ministerio, y hace rejuvenecer por la virtud del Evangelio; y a la que la que renueva constantemente conduce a la unión consumada con su Esposo. Pues el Espíritu y la Esposa dicen al Señor Jesús: "¡Ven!":
«El Espíritu y la Novia dicen: “¡Ven!” Y el que oiga, diga: “¡Ven!” Y el que
tenga sed, que se acerque, y el que quiera, reciba gratis agua de vida»
(Ap., 22,17).
Así se manifiesta toda la Iglesia como "una muchedumbre reunida por la unidad del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo".
Desarrollado basándose en el numeral 4 de la Constitución Dogmática LUMEN GENTIUM del Concilio Vaticano II,