¿ES
DIOS
UNA IMAGEN?
Varios
teólogos afirman que Dios es siempre
mayor a nuestra inteligencia
y a nuestra capacidad de conocimiento. No hay definición ni imagen que
lo agote ni lo pueda circunscribir. Dios
es misterio en cuanto que no lo
atrapamos a Él y siempre hay nuevos aspectos
que conocer de Él. Por ello, lo
conocemos poco a poco.
Dios
mismo tuvo una pedagogía para
darse a conocer desde los inicios
de la humanidad y se fue adaptando
a la capacidad humana. El hombre
primitivo lo empezó a descubrir
en los fenómenos grandiosos que
desconocía, como la lluvia, el sol,
etcétera.
El
Dios de los cristianos inicio su revelación
cuando se presentó para ayudar
al pequeño pueblo de Israel a
liberarse de la opresión de los egipcios.
Fue el Dios de la montaña. A partir
de un acto de liberación se da a
conocer a ese pueblo y desde ahí llega
a la plenitud de su revelación en
Jesús de Nazaret.
A
lo largo de los años se han usado
distintas imágenes para referirse
a Dios. En la Biblia encontraremos
figuras como estas:
|
|
|
Pero
es muy importante aclarar que
una imagen no agota el conocimiento de Dios, por eso hay muchas.'
Las
imágenes, lejos de reducir a Dios
a lo que nosotros comprendemos,
subrayan, por su diversidad,
la incognoscibilidad
de Dios. Es a la vez, parecido
y distinto de lo que indican nuestras
imágenes.
Cada
imagen aporta algo positivo
que nos ayuda a conocer más y a relacionarnos mejor con Dios, pero
también tiene una carencia. Por ejemplo, la imagen de Dios Padre tiene
toda la carga positiva de protección,
de proveedor, de seguridad, etc.
Pero también su carencia está en
que no es tierno, no es sensible, no
ama incondicionalmente como una
madre, etc.
Lo
importante es revisar a qué
nos
lleva dicha imagen de Dios y a caer
en la cuenta que esa imagen no es
la única, que hay otras que añaden aspectos diferentes de Dios.
La
visión tradicional en las religiones
tiende a ver a Dios como el
"Señor" que nos crea para que le
sirvamos (añadiendo acaso, como
en los Ejercicios ignacianos: Y para
que, "mediante esto", salvemos
nuestra alma).
La
realidad se divide
entonces en dos zonas: Una sagrada,
la que le corresponde a Dios,
y otra profana, la que nos corresponde
a nosotros.
A
la primera pertenece todo lo "religioso", es
decir, aquello que hacemos para
la salvación, tratando mientras tanto
de ganar el favor de Dios o de obtener
su perdón.
En
la segunda se
mueve nuestra vida ordinaria, "profana",
que, en
el fondo, no interesaría a Dios, o que incluso es mejor negar y "sacrificar".
Obviamente
esta descripción es demasiado cruda y esquemática,
y de hecho resulta injusta en
muchos aspectos.
Una
religión que, mirando al cielo, se
hace "infiel a la tierra" y que, concibiendo
a Dios como un gran Señor
que manda y que pide o necesita
ser servido, acentuaría en nosotros
una "conciencia de desgracia".
Ver
a Dios como un Señor Poderoso
tiene estas consecuencias del dualismo
entre lo sagrado y lo profano.
Precisamente
es Jesús quien rompe ese dualismo, al presentarnos
a un Dios cercano, cariñoso, tierno
y sobre todo misericordioso.
Un
Dios que Jesús hereda ya
como Creador del cielo y de la tierra, pero que Él
enriquece con su vivencia filial
al proclamarle como "Abba",
es decir, como Padre, que solo
por amor a nosotros nos trae a la
existencia, y que única y
exclusivamente por amor y desde el amor actúa en nuestra
historia.
Un
Dios que, por ser plenitud,
no tiene carencias, sino que
todo Él
es don. Que consiste
en ser ágape (Jn 4, 8.16) y cuya acción
es, por tanto, infinitamente
transitiva, sin sombra de egoísmo,
pura afirmación generosa del otro.
El
Dios de Jesús no crea para
ser servido, sino en todo caso,
y si queremos hablar así, para
servirnos Él
a nosotros (Mc
10, 45 y par). Y si la aplicación
parece demasiado osada, escuchemos
nada menos que a San Juan de la Cruz:
"Porque
aún llega a tanto la ternura
y verdad de amor con que el
inmenso Padre regala y engrandece
a esta humilde y amorosa alma -¡Oh
cosa maravillosa y digna de todo
pavor y admiración!-, que se sujeta
a ella verdaderamente para engrandecer, como si Él fuese su siervo
y ella fuese su señor, y está tan
solicito en el regalar, como si
el
fuese esclavo y ella fuese su Dios. Tan
profunda es la humildad y dulzura de
Dios!".
La
consecuencia práctica de este cambio
dado por Jesús, es que la idea
de creación desde el amor, que se
hace única y exclusivamente por nosotros,
elimina todo equívoco y rompe
de raíz todo dualismo.
Para
aclararlo con un ejemplo simple:
¿No es eso lo que, ya en el nivel
humano, sucede con un padre y una
madre normales?. Ellos buscan
el bien integral
de sus hijos: Que tengan salud y se instruyan
en la escuela, que sean
honrados y tengan lo necesario para vivir... Mucho más, infinitamente más, en nuestro caso. Dios no crea hombres o mujeres para tener servidores; crea, simplemente hombres y mujeres humanos.
Cierro
estas reflexiones,
alentando nuestras capacidades
humanas, situación que sabemos, es del agrado de
Dios:
Resulta
evidente que todo cuanto ayude
a la realización auténtica de nuestro
ser y propicie algún tipo de verdadero
progreso en el mundo responde
al dinamismo creador. Del
mismo modo que se opone al mal,
es decir, a todo aquello que impide
de algún modo la realización
física,
espiritual, individual o
social de sus creaturas, Dios está también
volcado en la promoción de
todo lo bueno y positivo para las personas
y para el mundo.
Estos
son ejemplos de como afecta
una imagen determinada de Dios
para la vida de los creyentes.
A
modo de conclusión podemos
decir que ninguna imagen de Dios
nos da a conocer integralmente a
Dios, que más bien es como un ladrillo
en un edificio, que junto con
otras añade el conocimiento. Es
muy importante revisar las consecuencias
prácticas de las imágenes que cada uno tenemos de Dios, y preferir aquellas
que reflejen más el amor y la misericordia de Jesús que
se hizo hombre para acercar a Dios a los pecadores y necesitados.
Autor: Luis Valdez Castellanos, S. J. , Licenciatura en Teología, actualmente es Director del Centro Ignaciano de Espiritualidad, en cuya Revista “Mirada” apareció este artículo.
Visite el sitio de la Revista Mirada: http://www.revistamirada.com