¿ES DIOS UNA IMAGEN?

Varios teólogos afirman que Dios es siempre mayor a nuestra inteligencia y a nuestra capacidad de conocimiento. No hay definición ni imagen que lo agote ni lo pueda circunscribir. Dios es misterio en cuanto que no lo atrapamos a Él y siempre hay nuevos aspectos que conocer de Él. Por ello, lo conocemos poco a poco.

Dios mismo tuvo una pedagogía para darse a conocer desde los inicios de la humanidad y se fue adaptando a la capacidad humana. El hombre primitivo lo empezó a descubrir en los fenómenos grandiosos que desconocía, como la lluvia, el sol, etcétera.

El Dios de los cristianos inicio su revelación cuando se presentó para ayudar al pequeño pueblo de Israel a liberarse de la opresión de los egipcios. Fue el Dios de la montaña. A partir de un acto de liberación se da a conocer a ese pueblo y desde ahí llega a la plenitud de su revelación en Jesús de Nazaret.

A lo largo de los años se han usado distintas imágenes para referirse a Dios. En la Biblia encontraremos figuras como estas:

  • Dios de los perdones Neh, 9, 17;

  • Madre, Is 49, 15;

  • Camino, Jn 14,16;

  • Verdad, Jn 8, 32;

  • Vida, Jn 11, 25;

  • Luz, Jn 8, 12;

  •  Agua, Jn 4, 1 ss;

  • Pan, Jn 6, 35;

  • Cordero, Jn 1, 29;

  • Pastor, Jn 10, 1;

  • Grano de trigo, Jn 12, 24.

Pero es muy importante aclarar que una imagen no agota el conocimiento de Dios, por eso hay muchas.'

Las imágenes, lejos de reducir a Dios a lo que nosotros comprendemos, subrayan, por su diversidad, la incognoscibilidad de Dios. Es a la vez, parecido y distinto de lo que indican nuestras imágenes.

Cada imagen aporta algo positivo que nos ayuda a conocer más y a relacionarnos mejor con Dios, pero también tiene una carencia. Por ejemplo, la imagen de Dios Padre tiene toda la carga positiva de protección, de proveedor, de seguridad, etc. Pero también su carencia está en que no es tierno, no es sensible, no ama incondicionalmente como una madre, etc.

Lo importante es revisar a qué nos lleva dicha imagen de Dios y a caer en la cuenta que esa imagen no es la única, que hay otras que añaden aspectos diferentes de Dios.

La visión tradicional en las religiones tiende a ver a Dios como el "Señor" que nos crea para que le sirvamos (añadiendo acaso, como en los Ejercicios ignacianos: Y para que, "mediante esto", salvemos nuestra alma).

La realidad se divide entonces en dos zonas: Una sagrada, la que le corresponde a Dios, y otra profana, la que nos corresponde a nosotros.

A la primera pertenece todo lo "religioso", es decir, aquello que hacemos para la salvación, tratando mientras tanto de ganar el favor de Dios o de obtener su perdón.

En la segunda se mueve nuestra vida ordinaria, "profana", que, en el fondo, no interesaría a Dios, o que incluso es mejor negar y "sacrificar".

Obviamente esta descripción es demasiado cruda y esquemática, y de hecho resulta injusta en muchos aspectos.

Una religión que, mirando al cielo, se hace "infiel a la tierra" y que, concibiendo a Dios como un gran Señor que manda y que pide o necesita ser servido, acentuaría en nosotros una "conciencia de desgracia".

Ver a Dios como un Señor Poderoso tiene estas consecuencias del dualismo entre lo sagrado y lo profano.

El Dios que nos revela Jesús

Precisamente es Jesús quien rompe ese dualismo, al presentarnos a un Dios cercano, cariñoso, tierno y sobre todo misericordioso.

Un Dios que Jesús hereda ya como Creador del cielo y de la tierra, pero que Él enriquece con su vivencia filial al proclamarle como "Abba", es decir, como Padre, que solo por amor a nosotros nos trae a la existencia, y que única y exclusivamente por amor y desde el amor actúa en nuestra historia.

Un Dios que, por ser plenitud, no tiene carencias, sino que todo Él es don. Que consiste en ser ágape (Jn 4, 8.16) y cuya acción es, por tanto, infinitamente transitiva, sin sombra de egoísmo, pura afirmación generosa del otro.

El Dios de Jesús no crea para ser servido, sino en todo caso, y si queremos hablar así, para servirnos Él a nosotros (Mc 10, 45 y par). Y si la aplicación parece demasiado osada, escuchemos nada menos que a San Juan de la Cruz:

"Porque aún llega a tanto la ternura y verdad de amor con que el inmenso Padre regala y engrandece a esta humilde y amorosa alma -¡Oh cosa maravillosa y digna de todo pavor y admiración!-, que se sujeta a ella verdaderamente para engrandecer, como si Él fuese su siervo y ella fuese su señor, y está tan solicito en el regalar, como si el fuese esclavo y ella fuese su Dios. Tan profunda es la humildad y dulzura de Dios!".

La consecuencia práctica de este cambio dado por Jesús, es que la idea de creación desde el amor, que se hace única y exclusivamente por nosotros, elimina todo equívoco y rompe de raíz todo dualismo.

Para aclararlo con un ejemplo simple: ¿No es eso lo que, ya en el nivel humano, sucede con un padre y una madre normales?. Ellos buscan el bien integral de sus hijos: Que tengan salud y se instruyan en la escuela, que sean honrados y tengan lo necesario para vivir... Mucho más, infinitamente más, en nuestro caso. Dios no crea hombres o mujeres para tener servidores; crea, simplemente hombres y mujeres humanos.

Cierro estas reflexiones, alentando nuestras capacidades humanas, situación que sabemos, es del agrado de Dios:

Resulta evidente que todo cuanto ayude a la realización auténtica de nuestro ser y propicie algún tipo de verdadero progreso en el mundo responde al dinamismo creador. Del mismo modo que se opone al mal, es decir, a todo aquello que impide de algún modo la realización física, espiritual, individual o social de sus creaturas, Dios está también volcado en la promoción de todo lo bueno y positivo para las personas y para el mundo.

Estos son ejemplos de como afecta una imagen determinada de Dios para la vida de los creyentes.

A modo de conclusión podemos decir que ninguna imagen de Dios nos da a conocer integralmente a Dios, que más bien es como un ladrillo en un edificio, que junto con otras añade el conocimiento. Es muy importante revisar las consecuencias prácticas de las imágenes que cada uno tenemos de Dios, y preferir aquellas que reflejen más el amor y la misericordia de Jesús que se hizo hombre para acercar a Dios a los pecadores y necesitados.

Autor: Luis Valdez Castellanos, S. J. , Licenciatura en Teología, actualmente es Director del Centro Ignaciano de Espiritualidad, en cuya Revista “Mirada” apareció este artículo.

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