Envíanos Señor tu Espíritu (1)
En la raíz de nuestro pasado, en los recovecos de nuestra naturaleza, está la tentación de soberbia.
Desde
Adán y Eva, los seres humanos estamos siempre intentando usurpar el lugar de
Dios, queremos ser como dioses: decidir por nosotros mismos lo que está bien y
lo que está mal al dictado de nuestros caprichos; determinar nuestro propio
destino y el de los demás; nos rebelamos contra la sabiduría y la bondad de Dios
pretendiendo saber más que El; en consecuencia, también nos encaramamos por
encima de los demás, y siempre nos creemos superiores a todos. No vivimos ni
como hijos queridos de Dios, ni como hermanos de todos los hombres.
Necesitamos la luz del Espíritu para descubrir y aceptar nuestra realidad de criaturas amadas por Dios. A ti levantamos nuestros ojos.
Padre
Dios, envíanos la luz de tu Espíritu que nos haga vernos como en realidad somos,
pequeños y desvalidos, limitados e impotentes, para poder sentir la alegría de
comprobar que nos has hecho tus hijos queridos.
Que tu Espíritu nos dé humildad para que, como María, sepamos reconocer tu grandeza en todas tus criaturas, y te amemos en ellas. Que tu Espíritu nos enseñe a acercarnos a todos los pequeños y necesitados, porque pequeños y necesitados somos todos.
Tomada del libro “Celebraciones y Plegarias Marianas” de Andrés Pardo, editado por Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 1997.