Envíanos Señor tu Espíritu (2)
La
agresividad se ha apoderado de nuestro mundo. No somos capaces de soportar las
contrariedades, ni los defectos de los demás, ni los fracasos, ni las
humillaciones.
Sin embargo, estamos siempre dispuestos a exigir paciencia con nosotros a los demás. Explotamos en airadas palabras continuamente, llegando fácilmente al insulto y hasta a la blasfemia.
Como resultado, no vivimos con paz de espíritu, las familias no son lugar de acogida, y las relaciones humanas se convierten en una batalla campal. Necesitamos que el Espíritu de Dios nos transforme interiormente y nos conduzca por caminos de paz.
A
ti levantamos nuestros ojos, Padre Dios, que tu Espíritu Santo descienda sobre
nosotros y apacigüe el ardor de la indignación y de la impaciencia, fruto, sobre
todo, de nuestra falta de virtud y de caridad.
Que El nos haga comprensivos, tolerantes, humildes, pacientes.
Que nos ayude a tratar a todos como a nosotros nos gusta ser tratados.
Que nos enseñe a encajar con buen ánimo los acontecimientos adversos, con la seguridad de que, tras la tormenta, vendrá la calma.
Que no nos deje olvidar que toda nuestra vida está en tus manos de Padre.
Tomada del libro “Celebraciones y Plegarias Marianas” de Andrés Pardo, editado por Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 1997.