EN RELACIÓN A SANTA TERESITA DEL NIÑO JESÚS  

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Queriendo un sacerdote persuadir cierto día al santo Papa Pío X, que nada había de extraordinario en la vida de Sor Teresita del Niño Jesús, recibió esta respuesta:

«Sepa que lo más extraordinario en esta alma es precisamente su extremada simplicidad... Consúltelo con su teología.»

Ya había dicho el glorioso Pío IX:

«Mi única ambición es llegar a ser un niñito en los brazos de Dios.»

Varios estudios ascéticos aparecieron en los años subsecuentes sobre nuestra Santa Teresita.

Un alma sacerdotal que ha penetrado íntimamente en su doctrina hace este juicioso reparo:

«Los libros, revistas periódicas se ocupan mucho de ella en estos momentos, pero disecan demasiado su vida, tan simple, tan una, tan derecha, añadiendo a su figura una muchedumbre de problemas ascéticos. Se olvida que Teresita, bajo la inspiración del Espíritu Santo, del cual estaba llena, ha simplificado los métodos. Teresita es un medio maravilloso que Dios nos da para ir a El. ¿Qué más se quiere y por qué pasarla por la criba de esta sabia crítica?. Cuando el cielo nos ofrece un camino tan derecho y tan directo, es superfluo intentar el complicarlo.»

Finalmente, el malogrado Benedicto XV, adhiriéndose a la doctrina de sus predecesores, no dudó en proclamar solemnemente que:

«En la infancia espiritual está el secreto de la santidad».

A su vez, el Papa Pío XI no duda en afirmar que:

«Santa Teresita del Niño Jesús se ha hecho para nosotros la palabra de Dios, revelándonos en que consiste la perfección, a la que todos son llamados. Agradar a Dios, amar a Dios, agradarle y amarle haciendo su voluntad.».  

«Ella nos dice que todos pueden presentarse así delante de Dios, ricos de la paz del corazón, practicando el santo abandono a su voluntad adorable»

«Este amoroso abandono es aquel bien del niño en brazos de su Padre.»

Entre los autores místicos contemporáneos, Lacordaire predicaba a los jóvenes el abandono y el espíritu de infancia, y a este propósito escribía estas palabras:

«He aquí que os habéis vuelto niños, jugando con el amor eterno en la simplicidad de vuestra alma.»

Otro autor de la época insiste sobre el mismo tema:

«El abandono total es la cima del amor y la última cúspide de esta cima es el espíritu de infancia.»

Abrazando luego de una mirada las evoluciones morales y las necesidades de su época, continúa:

«Esta gracia de la infancia espiritual está fermentando en muchas almas y no me sorprendería que Dios preparase en la Iglesia una nueva florescencia de ella; no hay vicio de nuestro tiempo del que no sea una contradicción; y, por lo tanto, no hay ninguno de nuestros males del que no sea remedio.»

Esta nueva florescencia se abre, en efecto; las almas son atraídas irresistiblemente hacia este camino tan evangélico, y es grandemente consolador recoger confesiones como ésta:

«Teresita es una gran Santa; por ella se ha abierto una nueva era en las orientaciones de la mística; pero es necesario confesar que el mundo de los pequeños habrá presentido a Teresita mucho antes que los teólogos. Para mí, cuanto más desciendo por el Caminito, más siento que es el Camino único.»

«Su doctrina no abruma el alma con el peso de imponentes proyectos, y al mismo tiempo que enseña a subir animosamente la montaña de la perfección, tiene en cuenta la parte de nues­tra miseria y nos enseña a contar ante todo con la misericordia divina que suplirá todas nues­tras impotencias. »

«El espíritu de infancia -explica luminosamente un escritor español -implica el sacrificio más costoso para el orgullo humano, ya que es la más total negación de sí mismo. ¡Oh, hombre acuérdate de que tu eterna condición delante de Dios es humillarte para convertirte en niño. Teresita del Niño Jesús lo ha comprendido soberanamente y la Iglesia nos propone su imitación, que está al alcance de todos.»

«¡Ah yo lo siento  -exclama a su vez un sacerdote italiano- en su pequeña vida de infancia y de abandono, el siglo presente encontrará el sendero que conduce a Dios!»

Este «caminito» no excluye el sufrimiento, condición inherente a la vida humana y medio eficaz de santificación. Un alma cristiana, anonadada por la prueba, no teme afirmar:

«En la estela de Teresita del Niño Jesús, se camina en plena luz, y solamente allí brilla ésta sin nubes. Llevado en los brazos de Jesús, no se teme ni el fango, ni las piedras del camino, y los males son considerados como tesoros infinitamente preciosos. Si, en medio de las lágrimas y de muchas angustias, se es tan dichoso que no se querría sufrir menos.»

Y el Señor ha querido conceder tantos encantos a su Elegida, encargada de recordarnos estas poderosas lecciones, que se ha podido decir:

«La atracción que ella ejerce es tan poderosa, que recuerda la de Jesús en Galilea.»

Y más:

«Ella es la más dulce manifestación del amor de Dios, y la más próxima a nosotros. Es como la encarnación de este amor en lo que tiene de más persuasivo, de más atrayente, de más delicioso.»

Todo acto divino tiene una significación positiva y actual. Ahora bien: el de presentar al mundo el ejemplo de Santa Teresita del Niño Jesús, como apóstol del espíritu de infancia, ¿no es una invitación explícita a seguir el camino abierto por esa bendita alma, de quien un religioso pasionista, venerable por su avanzada edad y virtudes, escribía ya el año 1898:

«Tengo la íntima convicción: esta pequeña estrella se volverá más y más radiante en la Iglesia de Dios. Todavía, ahora no es más que la estrella matutina en medio de una pequeña nube. Pero llegará un día y llenará la casa del Señor

Conmovedora profecía que debía ratificar solemnemente el Vicario de Jesucristo, S. S. Pío XI, complaciéndose en nombrar a Teresita:

«La querida Estrella de su Pontificado, milagro de virtudes y prodigio de milagros»

Ilumine, pues, «a todos los que están en la Casa» y sea una prenda de esperanza y de salvación para el mundo entero.

Que «su legión de almas pequeñitas víctimas de amor», colocadas inmediatamente bajo su irradiación, consuele a la Iglesia Santa, convirtiendo en tesoros de perdón y misericordia las sentencias de la justicia divina, y, finalmente, cante el universo con el Rey-Profeta.

«Por boca de los niños fundaste, Señor, tu fuerza Victoriosa para confundir a tus adversarios e imponer silencio al enemigo y al blasfemo»

Extractado del Prefacio de libro “Historia de un alma” de Santa Teresita del Niño Jesús, traducción al castellano de la edición francesa, editado por Artes Graficas, S.A. con la autorización de las Religiosas de Lisieux, Barcelona 1925.