En nuestro interior
La lucha es un movimiento esencial de la vida espiritual cristiana. Se trata de una lucha interior, no dirigida contra seres exteriores o uno mismo, sino contra las tentaciones, los pensamientos y las sugestiones que llevan a la consumación del mal.
Pablo, sirviéndose de imágenes bélicas y deportivas (la carrera, el boxeo),
habla de la vida cristiana como de un esfuerzo, de una tensión interior por
permanecer en la fidelidad a Cristo, que implica desenmascarar las fuerzas a
través de las cuales se abre camino el pecado en el corazón del hombre, para
poder combatirlo en el mismo momento en que surge.
El lugar de esta batalla es, en efecto, el corazón. Vigilancia y atención son la «fatiga del corazón» que permite al creyente llevar a cabo su purificación: es del corazón, en efecto, de donde brotan las intenciones malvadas y es el corazón el que debe transformarse en morada de Cristo gracias a la fe.
En este sentido, la «custodia del corazón» constituye la obra por excelencia del
hombre espiritual, la única verdaderamente esencial. En esta lucha es menester
ejercitarse: es preciso, en primer lugar, saber discernir nuestras propias
tendencias pecaminosas, nuestras propias debilidades, las tendencias negativas
que nos marcan de un modo particular; en consecuencia, he de llamarlas por su
nombre, asumirlas y no removerlas y, por último, sumergirnos en la larga y
fatigosa lucha dirigida a hacer reinar en nosotros la Palabra y la voluntad de
Dios.
El órgano de esta lucha es el corazón, entendido en sentido bíblico como órgano de la decisión y de la voluntad, no sólo de los sentimientos. La capacidad de lucha espiritual, el aprendizaje del arte de la lucha (Sal 144,1; 18,35), resulta esencial para la acogida de la Palabra de Dios en el corazón humano.
Los que han profundizado en la vida espiritual, saben que esta lucha es más dura que todas las luchas externas, pero saben que vale la pena por el valor de los frutos a obtener: la pacificación, la libertad, la docilidad y la caridad
Autor: E. Bianchi, Obra: Le parole Bella spiritualitá, Milán 1999.
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