OBSTÁCULOS EN LA MISIÓN

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Reflexionaba el eminente teólogo Karl Rahner:

«Señor, Tú me has mandado con los hombres, has cargado sobre mis espaldas el grave peso de tus poderes y la fuerza de tu gracia, y me has ordenado avanzar. Dura, y casi ruda, tu palabra me envía a tus criaturas que quieres salvar: a los hombres.

He tratado con ellos desde siempre, antes incluso de que tu palabra me consagrase para esta misión. He procurado amar y ser amado, he tratado de ser buen amigo y de tener buenos amigos. Es hermoso y fácil estar así con los hombres. Porque se va sólo con los que uno elige y se queda uno entre ellos mientras se está a gusto.

Pero de repente: los hombres a los que soy enviado, los has escogido tú, no yo, y no debo ser su amigo, sino su servidor. Y el hecho de que me fastidien no es una señal para irme, como antes, sino que tu orden es la de quedarme.

¡Qué criaturas éstas, Dios mío, a las que me has mandado! La mayoría no reciben en modo alguno a tu enviado, no aprecian en absoluto tus dones, tu gracia, tu verdad, con que me envías a ellos. Y yo debo, sin embargo, volver una y otra vez a sus puertas, importunándolos como un vendedor ambulante. Si, al menos, supiese con certeza que es a ti a quien rechazan cuando no me reciben, me consolaría, pues pienso que quizás también yo cerraría la puerta de mi vida si uno como yo viniese a llamar diciéndose enviado por ti.

Y ¿qué decir de los que me admiten en su vida? Oh Señor, éstos desean algo muy distinto de lo que yo les llevo de tu parte (...). ¿Qué quieren de mí? Si no es dinero lo que buscan, o es una ayuda material, o es el pequeño alivio de la compasión, me miran como a una especie de agente de seguros con el que van a concertar una póliza para la vida del más allá (...).

Señor, enséñame a orar y a amarte. Entonces olvidaré en ti mi miseria, porque tendré conmigo lo que me hará olvidarla: el amor paciente, que presta tu riqueza a la pobreza de mis hermanos. Sólo entonces seré un hermano para los hombres, alguien que les ayuda a encontrar al único que necesitan, a ti, Dios de mis hermano»

Basada en “Palabras al silencio” de K. Rahner, del  libro “Oraciones cristianas”, 1998.