EL «SÍ»
Del mismo modo que una gavilla cogida por el centro se prolonga hacia sus extremos, así la vida de María está concentrada en torno a su «sí», que le confiere sentido y forma, y desde aquí se despliega tanto hacia atrás como hacia adelante.
Su
«sí» da pleno sentido a cada momento, a cada gesto,
a cada ración de la Madre del Señor. Esta es,
en efecto, la naturaleza de un «sí»:
liga a quien lo pronuncia, pero le concede al mismo
tiempo plena libertad de realización.
También la infancia de María está
esclarecida por la luz de su «sí». La infancia representa siempre un
momento preparatorio de concentración en
pistas a la acción decisiva que seguirá en una segunda fase, y será, en
el caso de María, nada menos que el «sí» capaz de determinarlo
todo.
Su «sí» es, sobre todo, gracia. No representa sólo su respuesta humana a la propuesta de Dios; es una gracia tan grande que es, al mismo tiempo, la respuesta divina a toda su vida.
María pronuncia la respuesta esperada por la gracia y acepta así la llamada de Dios. Su aceptación significa para ella ponerse a disposición de esta llamada con una entrega plena; entregarse con toda la fuerza y con la profundidad de su ser y de sus facultades.
Dios
no ha concedido a nadie un poder de colaboración más
grande que el que concedió a
María. La sierva se vuelve madre,
y
la Madre, Esposa.
Desde este momento en adelante, el «Fiat» se extiende a todos: se convierte en un bien de la Iglesia en forma de oración al Padre que adquiere su carácter católico y eucarístico; así como en su difusión cuando el Hijo entrega a los hombres su oración personal al Padre, recibida de la Madre.
Ella está viva en cada «Fiat» particular que se pronuncia en la comunidad del Señor.
Autor: A. von Speyr. Obra: «La esclava del Señor», de Encuentro Ediciones, Madrid 1991.