Diversos
acontecimientos que se han presentado recientemente en
nuestro país
(secuestros, asesinatos vinculados al crimen organizado, asaltos, etc.) han
despertado en muchos hermanos nuestros la conciencia sobre muchas cosas que
evidentemente están mal, y algunos se han preguntado seguramente ¿Por qué
permite Dios que pase esto? ¿Por qué existe gente así? Ante la circunstancias,
se ha llegado al extremo de pensar, que la pena de muerte como castigo a quienes
cometen estas atrocidades, sería un castigo aceptable. En este contexto,
considero oportuno proponerles las siguientes reflexiones
Existe el dolor del mundo, existe EL MAL en todas sus perversas manifestaciones, y, ante los atroces «espectáculos» de injusticias evidentes o de tragedias que producen víctimas entre los inocentes, la sensibilidad y la inteligencia sufren un duro contragolpe. ¿Cómo es posible que Dios, si es bueno, permita que sufra tanta gente?
En
realidad, estos hechos nos provocan a proceder a una comprobación de nuestra fe.
Creer en Dios, en su bondad, en su amor por cada uno de nosotros y por todas las
criaturas, es algo que aunque se dice muy pronto, no siempre es fácil. Jesús nos
dice que nuestra fe, por pequeña que sea, lo puede todo.
Creer en Dios, lejos de ser un analgésico o un remedio para la pena producida por el dolor personal y ajeno, nos abre a la acción: vamos a Él, no nos detenemos en nosotros mismos; proyectamos en él nuestra esperanza y acogemos su promesa. ¿No empieza a obrar así en nosotros y a nuestro alrededor lo imposible, lo inesperado?
Vamos
un poco a la historia, ¿saben que en sus famosas Confesiones el prominente
Doctor de la Iglesia: San Agustín de Hipóna, allá por el siglo IV de la era
cristiana, incluyó estas reflexiones?
¿De dónde viene el mal? ¿Acaso la materia de donde sacó Dios a las criaturas era mala y la formó y ordenó, sí, pero dejando en ella algo que no convirtiese en bien?
¿Y por qué esto? ¿Acaso siendo omnipotente era, sin embargo, impotente para convertirla y mudarla toda, de modo que no quedase en ella nada de mal?
Finalmente, ¿por qué quiso servirse de esta materia para hacer algo y no más bien usar de su omnipotencia para destruirla totalmente? ¿O podía ella existir contra su voluntad? Y si era eterna, ¿por qué la dejó por tanto tiempo estar por tan infinitos espacios de tiempo para atrás y le agradó tanto después de servirse de ella para hacer alguna cosa?
O ya que repentinamente quiso hacer algo, ¿no hubiera sido mejor, siendo omnipotente, hacer que no existiera aquélla, quedando él solo, bien total, verdadero, sumo e infinito?
Y si no era justo que, siendo él bueno, no fabricase ni produjese algún bien, ¿por qué, quitada de delante y aniquilada aquella materia que era mala, no creó otra buena de donde sacase todas las cosas?
Porque no sería omnipotente si no pudiera crear algún bien sin ayuda de aquella materia que Él no había creado.
Analicen que pensamientos tan drásticos llenaban la cabeza del gran Doctor……. Ahora pasemos a algo más reciente, del autor R. Doni a finales de los años 80:
«El mal consiste en una falta de fe, y en la oposición al seguimiento del fin para el que fuimos creados. Esto está presente desde siempre porque es autónomo, personal, trascendente.
El
mal, en todas sus modalidades, existe en un mundo que se encuentra en vías de
formación precisamente porque la unión creadora no está consumada aún y el mundo
no ha salido aún del desorden. El mal es una condición inevitable del universo,
que está sometido de continuo a un retorno a lo múltiple.
Ha
estado presente en el mundo desde el primer instante de la creación. El pecado
original es, según Teilhard de Chardin, no un acto aislado, sino una condición
que marca a todos los hombres a causa de infinitas culpas diseminadas a lo largo
de toda la historia humana, y aparece plenamente consciente cuando nace el
pensamiento y el hombre se descubre también libre de rebelarse contra Dios.
Con todo, el mal y el pecado acaban por ayudar a la evolución; ambos están presentes en el mundo para que el hombre los supere libremente en el proceso evolutivo. Así pues, el pecado más grande hoy es el que se comete contra la humanidad en su proceso de unificación.
La historia humana es la
manifestación de un plan divino. Cristo redentor compensa al mundo por la
existencia del mal, y atrae y guía el progreso hacía sí. Cristo resucitado es
nuestro punto culminante.
He aquí, pues, el mal, el gran escándalo del universo. El dolor de los niños... ¿Señor, nos habrías creado, se pregunta Dostoievski, si hubieras sabido que uno solo de estos pequeños habría de sufrir? El mal, la muerte... el mal como dolor, el mal como error, el mal como culpa. ¿Cómo se concilia, en la visión cristiana, con la bondad y con el plan de Dios? »
Autor: R. Doni, Obra: “Le grandi domande”, Milán 1987.
Sin embargo, y para no quedarnos tan desolados, vamos a dirigirnos a las Sagradas Escrituras, más específicamente al profeta Habacuc,3, 17 en el Antiguo Testamento y vamos a leer cuidadosamente :
«Pues la
higuera no retoñará,
ni habrá en las viñas recolección.
Fallará la cosecha del olivo,
los campos no darán sus frutos,
faltarán las ovejas en el aprisco,
no habrá ya vacas en los establos»
Sin embargo, en los siguientes versículos termina Habacuc, señalándonos la actitud que debemos tener (3, 18-19):
«¡Pero yo me
alegraré en Yahvé,
gozaré del Dios de mi salvación!
Yahvé mi señor
es mi fuerza,
él me da pies como de ciervo,
y me hace caminar por las alturas».
¡Qué muestra más clara y contundente de cual debe ser nuestra actitud, y a dónde debemos volver nuestra vista y entendimiento en estos momentos de dificultad!
Desarrollado por el Congregante Mariano Act. Alfonso Marín, Agosto de 2008