DOS HERMANOS EN UNO

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Un texto, aparentemente de muy fácil interpretación, pero con mucha densidad, es el de los dos hermanos enviados por su padre a trabajar en la viña, el cual tenemos en el Evangelio según san Mateo (21, 28-32).

Uno dijo «ya voy», pero no fue. Otro dijo «no voy»", pero fue. Se podría leer poniéndolo al revés. Que el que dijo «a voy», efectivamente fue. Y el que dijo «no voy», no fue. Resultan entonces cuatro posibilidades, en vez de dos: 1) sí, pero no; 2) no, pero sí; 3) sí, efectivamente sí; 4) no, efectivamente no.

¿Por qué hacer este complicado juego de palabras? No; ni es complicado, ni es juego de palabras. Es simplemente una ayuda para caer en la cuenta de que los cuatro personajes están dentro de mí. Los dos hermanos no son dos solamente; los dos, que son cuatro, están dentro de mí. A veces yo digo que sí, pero no voy; a veces digo que no, pero luego recapacito y si voy; a veces digo que sí y, efectivamente, voy; a veces digo que no y, efectivamente, no voy. Esa es mi realidad.

Así me veo cuando vuelvo la vista atrás y evoco la trayectoria de mi vida. Leer así la parábola me hace descubrirme a mí mismo en su lectura. Es la lectura antropocéntrica de la parábola.

Pero he de dar un paso mas. A «esos cuatro» que soy yo los acoge Jesús, que me salva de los cuatro, me libra de mi mismo. Esta es la lectura cristocéntrica de la parábola.

El burro que tira de la noria solamente ve lo que tiene delante de sí, porque está atado. Así yo, en mi estrechez, necesito que me desaten y liberen. Cuando voy a ejercicios espirituales, me puedo liberar de ataduras, pedir un corazón desatado y una mirada amplia (San Ignacio de Loyola hablaba de «indiferencia», que no es apatía, sino libertad).

Este idea, nos permite poner en perspectiva, en lenguaje ignaciano lo que él denominó «Principio y fundamento» (EE. 23).

No asistimos a esas experiencia de retiro porque seamos mejores que otras personas; ni para planificar como serlo, sino para encontrarnos y dejarnos encontrar por quién nos acoge incondicionalmente tal y como somos.

No vengo porque me encuentre mejor que el año anterior, ni para asegurar serlo al año que viene. Participo para seguir volviendo a elegir una y otra vez a quien me eligió primero, tal y como soy, y a pesar de como soy, ofreciéndome siempre la posibilidad de un comienzo nuevo.

Como en el pasaje de los dos hermanos: el que parecía peor, no era tan malo como parecía; el que parecía mejor, también tenia lo suyo.

Así son las dos caras de mi propia realidad; y no sólo dos, sino hasta cuatro, por lo menos. Pero se me invita a ver esa otra cara mas honda de la realidad, la que se ve cuando se percibe todo en Dios y a Dios en todo. Se nos invita a recuperar, desde nuestra realidad, ambigua como la de los dos hermanos, la capacidad de alabar, de agradecer, de dejarse hacer, deshacer y rehacer por el Maestro.

Está en mis manos decidir si quiero.

Inspirado en una meditación presentada en e libro “Respirar y Caminar”, de Juan Masiá Clavel, S. J., editado por Desclée De Brouwer, Bilbao 2001.