El dogma de la ASUNCIÓN
Ha pasado más de medio siglo de la definición del dogma de la Inmaculada Concepción cuando el papa Pío XII, en el año santo de 1950 establecía como dogma de fe la Asunción corporal de María a los cielos.
La
definición se centraba en la glorificación corporal de María, y no solo en la
glorificación de su alma una vez cumplido el curso de su vida terrestre: es una
glorificación anticipada, semejante a su Hijo que resucitó de entre los muertos,
o como sucederá a los justos, a quienes en la parusía
(Venida en Gloria y Poder
de Jesús al final de los tiempos) encuentre vivos el Señor al final de la
historia (cf I Cor 15, 51).
De acuerdo al Nuevo Testamento, la gran anticipación de la resurrección final se realizó en Cristo Jesús (I Cor 15,20).
María y Jesús estuvieron profundamente unidos durante su vida:
· Si Jesús es glorificado en su cuerpo, era conveniente glorificar también a su madre.
· Si la victoria de Cristo contra el diablo fue victoria sobre el pecado y la muerte (Gn 3, 15; Rm 5 y 6; 1 Cor 15, 21-26.54 Y 57), María participó también en la lucha y en la victoria de Cristo, cuyo último trofeo fue la resurrección.
· Si la victoria de Cristo contra el diablo fue victoria sobre el pecado y la muerte (Gn 3, 15; Rm 5 y 6; 1 Cor 15, 21-26.54 Y 57), María participó también en la lucha y en la victoria de Cristo, cuyo último trofeo fue la resurrección.
El dogma de la Asunción de María en cuerpo y alma al cielo es el coronamiento de todos los privilegios marianos. En efecto, si su redención anticipada se debió a la plena asociación de María a la persona y a la obra de su Hijo, por esa misma razón convenía también su glorificación anticipada.

En el documento pontificio (bula*), el Papa Pío XII expresa que el pueblo cristiano, siguiendo las enseñanzas de sus pastores, no ha tenido dificultad en admitir la muerte de María; el sentir de la Iglesia es que su existencia terrena tuvo fin.
Si Cristo murió, ella no podría ser superior a su Hijo en lo que se refiere a la muerte corporal; pero no sabemos cuándo murió, ni de qué, ni a qué edad.
El expirar de la Virgen debió ser como el declinar de un sueño dulce y apacible por la ausencia del pecado; la Iglesia encontró unas palabras muy adecuadas que la resumen, le llama "sueño o dormición de la Virgen".
Tomado de “María, portadora de Jesús” volumen 4 del Primer Ciclo de Formación de Agentes de Pastoral, de la Arquidiócesis Primada de México, 2006