DISCÍPULOS Y MISIONEROS
Los
Obispos de América Latina y el Caribe convocados por el Santo
Padre Benedicto XVI se reunieron, bajo el manto de Nuestra Señora
Aparecida en Brasil, para celebrar la V CONFERENCIA GENERAL
DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO,
del 13 al 31 de Mayo el año pasado.
Impulsados por la fe en Jesucristo, el amor a su Iglesia y el servicio pastoral a sus hermanos, celebraron su fe y reflexionaron sobre los caminos que el Señor de la Historia les pide recorrer en América Latina y El Caribe.
La presencia y palabra del Santo Padre en el discurso inaugural dio pauta para los trabajos, que concluyeron con un documento final, aprobado por él, que contempla los temas: Vida, Encuentro, Comunión, Palabra, Familia y Derechos Humanos, contenidos que bajo el hilo conductor de Jesucristo: Camino, Verdad y Vida (Jn 14,6) expresan la alegría, llena de esperanza, de la vocación cristiana, y clarifican el quehacer de la Iglesia para el momento actual y los años venideros.
A continuación se presenta un breve extracto del discurso inaugural de Su Santidad:
Esta V Conferencia General del CELAM tiene como tema: "Discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos tengan vida en Él" (Jn 14,6).
La
iglesia tiene la gran tarea de custodiar y alimentar la fe del pueblo de Dios, y
recordar también a los fieles de este continente que, en virtud de su bautismo,
están llamados a ser discípulos y misioneros de Jesucristo. Esto conlleva
seguirlo, vivir en intimidad con él, imitar su ejemplo y dar testimonio. Todo
bautizado recibe de Cristo, como los apóstoles, el mandato de la misión: "Vayan
por todo el mundo y proclamad la buena nueva a toda la creación " (Mc 16,15).
Pero ser discípulos y misioneros de Jesucristo y buscar la vida "en Él" supone
estar profundamente enraizados en Él.
¿Qué nos da Cristo realmente? ¿Por qué queremos ser discípulos de Cristo? Porque esperamos encontrar en la comunión con él la vida, la verdadera vida digna de este nombre, y por esto queremos darlo a conocer a los demás, comunicarles el don que hemos hallado en él. Pero, ¿Estamos realmente convencidos de que Cristo es el Camino, la Verdad y la Vida?
Ante la prioridad de la fe en Cristo y de la vida "en Él", enunciada en el título de esta Conferencia, podría surgir también otra cuestión: ¿no podría ser acaso una fuga hacia el individualismo religioso, un abandono de la realidad urgente de los problemas económicos, sociales y políticos de América Latina y del mundo, y una fuga hacia un mundo espiritual?
Como
primer paso podemos responder a esta pregunta con otra: ¿Qué es esta "realidad"?
¿Son "realidad" sólo
los bienes materiales, los problemas sociales, económicos y políticos? Aquí está
precisamente el error al que han inducido las tendencias dominantes en el último
siglo, errores destructivos, como lo demuestran los resultados tanto de los
sistemas marxistas como capitalistas. Se ha falsificado el concepto de
«realidad», con la amputación de la realidad fundante y decisiva, que es Dios.
Excluir a Dios del horizonte falsifica el concepto de «realidad» y, en
consecuencia, sólo se puede terminar en caminos equivocados y con la adopción de
fórmulas que terminan siendo destructivas.
La primera afirmación fundamental es pues que: sólo quien reconoce a Dios, conoce la realidad y puede responder a ella de modo adecuado y realmente humano. La verdad de esta tesis resulta evidente ante el fracaso de estos sistemas que ponen a Dios entre paréntesis.
Pero
¿Quién conoce a Dios? ¿Cómo podemos conocerlo? No podemos entrar aquí en un
complejo debate sobre esta cuestión fundamental, pero para el cristiano el
núcleo de la respuesta es simple: sólo Dios conoce a Dios, sólo su Hijo que es
«Dios de Dios», Dios verdadero, lo conoce. De aquí la importancia única e
insustituible de Cristo para nosotros, para la humanidad, pues si no conocemos a
Dios «en Cristo y con Cristo», toda la realidad se convierte en un enigma; pues
no hay camino y, al no haber camino, no hay vida ni verdad.
Dios es la realidad fundante, no un Dios sólo hipotético, sino el Dios de rostro humano; es el «Dios-con-nosotros», el Dios del amor hasta la cruz. Cuando el discípulo llega a la comprensión de este amor de Cristo «hasta el extremo», no puede dejar de responder a este amor si no es con un amor semejante: «te seguiré adondequiera que vayas» (Lc 9,57).
Pero: ¿qué nos da la fe en este Dios? Bueno, pues la familia universal de Dios, que es la Iglesia Católica. La fe nos libera del aislamiento del «yo», porque nos lleva a la comunión: el encuentro con Dios es, en sí mismo y como tal, encuentro con los hermanos, un acto de convocación, de unificación, de responsabilidad hacia el otro y hacia los demás. En este sentido, la opción preferencial por los pobres está implícita en la fe cristológica en aquel Dios que se ha hecho pobre por nosotros, para enriquecernos con su pobreza (cf. 2 Cor 8,9).
Sin embargo: ¿cómo conocer realmente a Cristo para poder seguirlo y vivir con Él, para encontrar la vida en Él y para comunicar esta vida a los demás, a la sociedad y al mundo? Cristo se nos da a conocer en su persona, en su vida y en su doctrina por medio de la Escritura, por tanto, es indispensable el conocimiento profundo de la Palabra de Dios.
Por
esto, hay que educar al pueblo en la lectura y meditación de la Palabra de Dios:
para que se convierta en su alimento, y que por experiencia propia, vean que las
palabras de Jesús son espíritu y vida (cf. Jn 6,63). De lo contrario, ¿cómo van
a anunciar un mensaje cuyo contenido y espíritu no conocen a fondo?
Por tanto, hemos de fundamentar nuestro compromiso misionero y toda nuestra vida en la roca de la Palabra de Dios; y un gran medio para introducir al pueblo de Dios en el misterio de Cristo es la catequesis. En ella se transmite de forma sencilla y substancial este mensaje
Conviene por tanto intensificar la catequesis y la formación en la fe, tanto de los niños como de los jóvenes y adultos. La reflexión madura de la fe es luz para el camino de la vida y fuerza para ser testigos de Cristo. Para ello se dispone de instrumentos muy valiosos como son: el Catecismo de la Iglesia Católica y su versión más breve, el Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica.
En este
campo no hay que limitarse sólo a las homilías, conferencias, cursos de Biblia o
Teología, sino que se ha de recurrir también a los medios de comunicación:
prensa, radio y televisión, sitios de Internet, foros y otros sistemas
disponibles para comunicar eficazmente el mensaje de Cristo a un mayor número de
personas.
En este esfuerzo por conocer el mensaje de Cristo y hacerlo guía de la propia vida, hay que recordar que la evangelización ha ido unida siempre a la promoción humana y a la auténtica liberación cristiana. «Amor a Dios y amor al prójimo se funden entre sí: en el más humilde encontramos a Jesús mismo y en Jesús encontramos a Dios» (Deus caritas est, 15).
Por lo mismo, será también necesaria una catequesis social y una adecuada formación en ese campo, siendo muy útil para ello el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia. No debemos olvidar que la vida cristiana no se expresa solamente en las virtudes personales, sino también en las virtudes sociales y políticas.
El discípulo, fundamentado así en la roca de la Palabra de Dios, se siente impulsado a llevar la buena nueva de la salvación a sus hermanos. Discipulado y misión son como las dos caras de una misma moneda: cuando el discípulo está enamorado de Cristo, no puede dejar de anunciar al mundo que sólo Él nos salva (cf. Hch 4,12).
El verdadero discípulo sabe que sin Cristo no hay luz, no hay esperanza, no hay amor, no hay futuro.
Basado en el libro sobre la Presentación del documento de la V Conferencia General de Obispos de América Latina y el Caribe (CELAM), realizada en Aparecida, Brasil entre el 13 y 31 de mayo de 2007, publicado por la Conferencia de Episcopado Mexicano