EL DÍA DE LA RESURRECCIÓN

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El día de la resurrección, Dios crea el mundo»: Así reza una oración de la iglesia oriental del día de Pascua.

Del fondo de la desolación y de la derrota completa del viernes... brota la vida nueva en plenitud. El Reino que Jesús anunciaba desde Galilea sí era posible. Jesús es su primer ciudadano. Es el Hombre Nuevo. El Primogénito de una Humanidad Nueva que es Imagen de Dios. Es la primicia, el primer fruto de la cosecha del Reino y, como tal, la certeza de que el Reino es posible, que vale la pena luchar con Jesús por el Reino. Es el triunfo radical de la vida.

El viernes fue el fracaso absoluto de la gran esperanza que había anunciado el discurso programático en la Sinagoga de Nazaret (4,16-22), fue el triunfo de aquellos que, ya entonces, quisieron despeñarlo por un precipicio a las afueras de su pueblo (4,23-30).

Dios ha pronunciado su SÍ radical al mundo de la solidaridad, del compartir... al gozo y al optimismo, al perdón y a la paz... ¡a la vida! El hombre, finalmente, ha nacido.

Dios ha pronunciado su NO radical al mundo del egoísmo, el orgullo, el odio, la enfermedad, el fracaso, el pecado... ¡la muerte! Dios les ha vencido radicalmente y ya reina...

El clamor de la humanidad, el martirio de Jesús en la cruz, el de los pobres, los humillados, los masacrados... de todos los tiempos, ha sido recogido por Dios. En Jesús han empezado a vencer. Jesús es «la» buena noticia para los pobres, la luz para los ciegos, la libertad para los oprimidos...el año de gracia del Señor.

En él, toda barrera y todo fatalismo - incluido el de la muerte - han sido rotos. Empieza la época de la libertad, de la vida. En la comunidad de Jesús se va creando fraternidad, esperanza..., la paternidad/maternidad de Dios se hace transparente, la comunidad del Señor rezuma Espíritu de Dios. Se hace posible creer en la Utopía del Reino.