CUENTO DEL PAPA

El Papa se despertó muy cansado. Había tenido un largo sueño en el que veía a San Pedro, crucificado boca abajo que le decía una y otra vez: “el tiempo es corto: aprovecha tus días”..

Rápidamente se desayunó su café y pan tostado con mantequilla, y se dispuso a escribir una carta al mundo con el título de “CARTA URGENTE AL MUNDO”.

Decía: “A todos los hombres y mujeres de la tierra: les comunico de la manera más urgente y apremiante que me escuchen: ante Jesucristo nadie puede quedarse indiferente. O creen en El, y le obedecen, para tener vida eterna, o no creen en El, ni le obedecen, ni verán la vida.

¡A trabajar, pues, todos! Consulten, estudien, discutan, y acepten o nieguen a Jesucristo; pero nadie puede quedarse indiferente so pena de quedar excluidos de la Vida Eterna. Que conste a todos y cada uno en el mundo que el Papa se lo previno ahincadamente: Creer es obedecer a Jesucristo el Hijo de Dios, y no creer es desobedecerle y atenerse a las consecuencias.

Los comentarios fueron muy variados. Desde los que acusaron al Papa de estar loco y alucinado hasta los que llenaron las primeras planas de los periódicos con la carta del Papa a grandes letras en toda la primera plana. Al Vaticano, sin interrupción estuvieron llamando los teléfonos, teletipos y radios  al tiempo que se llenaban los e mails y los buzones rápidos, unos injuriando, otros alabando.

Otro grupo selecto y serio de periodistas se trasladaron a Roma y pidieron una audiencia privada al Papa pidiendo una sola cosa: ¿En qué tenemos que obedecer a Cristo?

Dada la importancia de los periódicos que representaban al mundo, el Papa los recibió amablemente y entregó a todos los que quisieron su discurso que se terminó por traducir a todas las lenguas de importancia del mundo a más de las que se difunden en Radio Vaticana.

El Papa, sin ninguna introducción especial, empezó diciendo:

“ Las cosas en que el mundo ha de obedecer a Cristo, si ha creído en El, son las siguientes:

1ª- Creer en El, el Hijo de Dios, Jesucristo, el enviado del Padre, y adorarlo.

2ª- Obedecer a su mandato universal de amarnos los unos a los otros como El nos amó. Para eso nos dió al ESpíritu Santo.

3ª- Por lo tanto, deponer toda clase de armas y transformarlas en instrumentos de trabajo, pues el que ha de amar a sus enemigos no puede pensar en matarlos.

4ª- Santificar el Matrimonio de un varón con una mujer de modo que “lo que Dios unió el hombre no lo separe”.

5ª- Entregar un diezmo equitativo y destinarlo a lo que Dios lo señaló: a los pobres, a las viudas a los huérfanos y a los sin trabajo, no sólo a los que sirven al altar.

6ª- Cumplir y enseñar a cumplir los mandamientos con las correcciones que Cristo les hizo: esto es, no enojarse con un hermano o insultarlo, no resistir al malo sino tratar de corregirlo a base de bondad, no jurar de ninguna manera, no adulterar ni con mirada de malicia, no fingir en materia de religión y ser misericordiosos como el Padre es misericordioso, pidiendo perdón y perdonando cada uno de corazón a su hermano.

Todo esto, porque hemos creído en las palabras de Cristo conclusivas de todo el juicio universal: “ lo que hicieron con uno de mis más pequeños hermanos, conmigo lo hicieron”.

Terminando el Papa su breve discurso, hubo un gran silencio en la sala. Los videos estaban listos para la televisión mundial. Para despedirse el Papa añadió: “ y den al hombre lo que es del hombre y a Dios lo que es de Dios”..Sólo así podrán acercarse a la sagrada mesa de Cristo, de su cuerpo y sangre cuantos le obedezcan y hayan querido recibir su Bautismo con la Unción del Espíritu Santo..

No bien había salido el Papa, sin las aclamaciones de otras veces, sino en el silencio sepulcral de quienes incluso lo creían trastornado, cuando se oyó el silbido de un cohete y hubo una tremenda explosión que sacudió desde los cimientos el edificio y una enorme bocanada de humo y llamas sembraron el pánico y la muerte por doquier.

Era la respuesta de algunos que no creían ni en Cristo ni en su representante en la tierra.

Una placa conmemorativa se mandó poner más tarde en el lugar del gran crimen: La placa decía: “aquí se dio testimonio de la verdad”.

Colaboración preparada por el R. P. Rafael Cervantes, S. J. para el sitio web de las Congregaciones Marianas.