CUARESMA: TIEMPO DE LUCHA
Jesús ha vivido y ha vencido las
tentaciones para enseñamos que la vida cristiana es, de por sí, una lucha seria,
peligrosa y su éxito es incierto.
Por esto la iglesia, durante el tiempo litúrgico llamado cuaresma, quiere que recuperemos el sentido de la vida como defensa de la tentación, invitándonos a la vigilancia. En el Nuevo Testamento se ve con frecuencia la exhortación: "¡Estén atentos!"
Concretamente, la vigilancia significa sobriedad, abstinencia, capacidad de renunciar a esas cosas que nos hacen obtusos y sordos a la Palabra de Dios y nos pone a merced de las tentaciones.
El período de cuaresma, en efecto, está dirigido hacia el misterio central de la Pascua, misterio al cual se puede penetrar cada vez más profundamente por medio de la cotidiana conversión.
Las obras sugeridas por la Iglesia para el camino de la cuaresma, son las obras que expresan vigilancia, el estar en guardia del enemigo, destacándose el ayuno.
Indudablemente, el fin último del ayuno es la caridad hacia todos los hermanos, porque caridad es plenitud de vida cristiana y su ejercicio es una manera perfecta de prepararse para la Pascua.
San Ambrosio, hace poco más de 1600 años, escribía: «Vendrá para nosotros el día de la fiesta y ya se acerca (probablemente se estaba en el comienzo de una cuaresma)... Nuestra victoria es la cruz de Cristo, nuestro triunfo es la Pascua del Señor Jesús. Pero Cristo primero ha combatido para vencer no porque tuviese necesidad de combatir, sino para enseñarnos el modo de combatir»
Frente a esta exhortación nos
preguntamos: ¿qué significado tiene exactamente para nosotros y en qué consiste
el ayuno cuaresmal que estamos llamados a vivir más intensamente, si bien la
Iglesia en estos tiempos ha reducido las rigurosas exigencias del pasado?
Al respecto podemos enfocar tres vertientes:
Comprendemos el significado caritativo y social del ayuno, debemos ayunar ante todo por los hermanos que tienen hambre para que privándonos de alguna cosa, se provea a tantas necesidades graves de naciones y pueblos pobres.
El motivo caritativo suscita las grandes colectas cuaresmales de la caridad para las misiones, para el hambre, para los pobres.
Sin embargo, debemos recuperar la utilidad del ayuno para nosotros, la utilidad propiamente ascética del ejercicio de nuestra santificación. ¿Cómo es posible, en una sociedad como la nuestra, hablar todavía de prácticas penitenciales como el ayuno?
Para contestar, es necesario
reflexionar sobre cómo el ayuno físico tiene una vasta aplicación y, con un poco
de buena voluntad, podemos hacerle lugar en nuestra experiencia cotidiana.
El ayuno en el alimento puede comprender en primer lugar las comidas,
renunciando cada tanto a una comida o reduciéndola al mínimo. Esto tiene que ver
también con muchas cosas superfluas a las que nos hemos acostumbrado demasiado;
tantas reuniones en cafés y bares sin un motivo de fondo; otros ejemplos: fumar,
comer helados u otros postres, los frecuentes “gustitos” durante el día. Si en
este campo hacemos algún renunciamiento, no nos hará mal y recordaremos que
estamos viviendo un camino con Jesús hacia la cruz, y luego hacia la Pascua.
El ayuno de los ojos y de las imágenes es otra forma de ayuno, muy importante para nuestro bienestar espiritual.
Durante la cuaresma, deberíamos
saber reaccionar ante cierta epidemia de esa enfermedad que se llama "vídeodependencia-.
Es la manía de querer ver todo; es la televisión encendida horas v horas en
todas las casas, sin ningún respeto por el silencio, por la tranquilidad, sin
tener en cuenta niños y bebés, entre otros.
Comenta el Cardenal Martín, que a veces al visitar a algún enfermo o alguna visita pastoral, entra en las casas y encuentra la televisión encendida sin que nadie haga caso de ella: es tan obvio encenderla, que a nadie se le ocurre siquiera la idea de apagarla cuando llega una visita.
Todos nosotros estamos convencidos de que el uso indiscriminado de la televisión, especialmente para los niños y adolescentes, está fuera de medida, es una forma de indigestión, de falta de educación, a la que debemos reaccionar aprendiendo a elegir y a discernir. Si empezamos a hacerlo, nos daremos cuenta de que tiene una incidencia en nuestra vida sobre la oración, sobre los nervios, sobre la disciplina de los sentidos, de la fantasía y de la imaginación mayor de la que creemos.
Se trata de pequeñas cosas de las que dependen sin embargo las grandes, de las que depende la capacidad de las familias de saber educar a los hijos, y no conceder todo, sin discriminación.
El ayuno puede aplicarse por
tanto a muchos elementos de nuestra vida diaria y puede vivirse con simplicidad.
Si a esto le agregamos momentos de recogimiento, de soledad de oración más
intensa, veremos que todas estas cosas se relacionan y crean esa disciplina del
espíritu que es el ambiente, el contexto necesario para una vida verdaderamente
espiritual.
Así la caridad. el amor al prójimo, serán vividos a partir de cierto rigor del espíritu que dará mayor veracidad a nuestros gestos de amor; los hará más duraderos, más sinceros, más fuertes, más capaces de superar las dificultades y superar los momentos de aburrimiento o de cansancio, porque nacerán de una disciplina interior cultivada con asiduidad y con valentía. Una disciplina que templa al hombre interior y lo prepara para la lucha de la vida, lo que le posibilitará hacer de su vida un acto real de servicio y disponibilidad.
Inspirada en el libro “Reencontrarse
a sí mismo” de Carlo María Martini, editado por LUMEN,
Argentina 2003.