"Toda
pulcra es Maria":
“Toda
hermosa eres, ¡oh María!”
La
Iglesia celebra cada 8 de diciembre la Inmaculada Concepción de la
bienaventurada Virgen María. Si Cristo es el día que no conoce ocaso, María
es su aurora resplandeciente de belleza.
María,
elegida para ser la Madre del Verbo encarnado, es al mismo tiempo la primicia de
su obra redentora. La gracia de Cristo Redentor actuó anticipadamente en ella,
preservándola del pecado original y de todo contagio de culpa.
Por
eso, María es la "llena de gracia" (Lc 1, 28), como afirma el ángel
cuando le lleva el anuncio de su maternidad divina. La mente humana no puede
pretender comprender un prodigio y un misterio tan grandes. La fe nos revela que
la Inmaculada Concepción de la Virgen es prenda de salvación para toda
criatura humana, peregrina en la tierra. La fe nos recuerda también que, en
virtud de su singularísima condición, María es nuestro apoyo inquebrantable
en la dura lucha contra el pecado y sus consecuencias.
Os
invito a uniros a mí para invocar la intercesión de María Inmaculada por la
Iglesia y por el mundo entero.
Después
de impartir la bendición apostólica, el Santo Padre dirigió saludos a algunos
de los grupos presentes en la plaza de San Pedro, a los que dijo:
¡Que
María inmaculada sea para nosotros la Madre del amor hermoso!
¡Que
a todos os proteja la Virgen inmaculada!
Basado
en la meditación mariana del Papa Juan Pablo II en la solemnidad de la
Inmaculada del 8 de diciembre de 2003