LAS TRES REJAS
¿No
te has planteado alguna vez qué cosas sí debes compartir con los demás y cuáles
no? ¿Qué es un chisme o un desahogo y qué es un buen consejo o indicación?¿Cuál
es la frontera entre la discreción y la prudencia?
Me
gustaría compartir una sencilla guía que muy posiblemente ya conoces pues se
ha divulgado mucho, y que te puede orientar con facilidad y seguridad en tu hablar.
Llegó un discípulo, jadeante y sudoroso, a ver a su maestro. "Maestro; le dijo; quiero que oigas lo que me dijeron de ti".
A
punto de empezar su confidencia, el maestro lo detuvo y le dijo: "antes de
que la palabra salga de tu boca debe pasar por tres rejas y, solamente si pasa
las tres podrá salir con libertad de tu boca y con tranquilidad de tu corazón".
El
discípulo se desconcertó pues él pensaba que su maestro debería estar
interesado en saber lo que se decía de él. Se preguntaba ¿cómo iba a actuar
en consecuencia si no lo sabía?
Al discípulo su inquietud le parecía razonable como con frecuencia nos parecen razonables las que a nosotros nos llevan a comentar con los demás las nuestras.
El
maestro siguió: "la primera reja es la verdad; ¿te consta, tienes seguridad, de que lo que me vas a
compartir es verdadero?
"Si
no tienes esa seguridad ¿cómo seguirlo diciendo, cómo puede servir de piso
para construir algo sólido; para normar una actitud; para interrelacionarse
bien con los demás?
"Por
eso, en primer lugar, tienes que cerciorarte de que lo que me vas a comunicar
sea verdad.
"Y
en caso de que lo sea entonces puedes pasar a la segunda reja: la
necesidad.
"Es
decir, ¿es necesario que yo sepa eso que me vas a compartir? ¿Por qué, si no
es necesario, entonces qué caso tiene, para qué me lo dices, cuál es la
finalidad? ¿Es por mí o es por ti?
"Si
contestas afirmativamente que es verdadero y necesario todavía
quedaría una tercera reja que tu confidencia debe atravesar y es saber si lo
que me vas a decir me va a servir, me va a
hacer
bien.
"Porque
si después de las tres rejas me lo dices es porque soy yo, es mi persona, la
que es el objeto de tu interés. Es decir, soy yo en tu deseo de hacerme feliz,
más pleno, más maduro, más evangélico.
"Si
ves que tu confidencia pasa las tres rejas entonces dímela, de otra manera no
vale la pena pues es un mal uso de la lengua, un mal uso de la palabra".
Recuerda
que el apóstol Santiago dice en su carta que es perfecto
aquel que puede manejar su lengua.
Ojalá
este pequeño cuento de las tres rejas, te ayude en ese
camino de amar cada vez más a tu prójimo.
Tomado
de la Revista de “La Cruz” correspondiente a diciembre 2004.