EL ACUERDO

Volver a Principal

Encendemos la televisión y escuchamos en el noticiero cosas como: «.....El día de ayer, por acuerdo del Secretario de Hacienda, se estableció que las personas que cumplieron oportunamente con....., serán beneficiarias de una reducción en su tasa de pagos en un 10%, el acuerdo entrará en vigor una vez que aparezca en el Diario Oficial de la Federación.......».

Los que hemos tenido oportunidad de trabajar en las oficinas ejecutivas de una Organización, sabemos que nuestro trabajo para el logro de los fines que persigue la misma, dependen de que nuestro desempeño sea el más eficiente posible. Esto aplica tanto a nivel Gobierno como del Sector Privado, de la Iglesia..... (sin importar el tamaño de la organización).

En esta ocasión en particular, voy a referirme a cada uno de nosotros, como individuos, pero a la vez como seres que estamos aquí para cumplir con un fin, al igual que una organización. 

Sobre este punto San Ignacio de Loyola, en su extraordinaria obra de los Ejercicios Espirituales, nos presenta al inicio de los mismos, un planteamiento sobre lo que él identifica como fin último de nuestra existencia.

Nos dice en su célebre PRINCIPIO Y FUNDAMENTO, que «el  hombre fue creado para alabar, reverenciar y servir a Dios Nuestro Señor, y mediante esto, salvar su alma» y agrega que «las otras cosas sobre la faz de la tierra, han sido creadas para el hombre, para que le ayuden en la consecución del fin para el que fue creado». Esta afirmación, creo que para todos los que leen este artículo, no tiene la menor duda.

Un especialista en materia de Planeación, definió en forma muy simple y clara a una organización como: «el conjunto de recursos de todo tipo a través de los cuales se persigue un fin específico». 

De la anterior definición y de la categórica afirmación de San Ignacio de Loyola, se sigue que una persona puede ser equiparada a una «organización», toda vez que cuenta con un fin específico y con todos los recursos que el Señor ha puesto a su alcance para lograrlo.

Partiendo de este planteamiento, continúo con la reflexión que deseo proponerles en esta ocasión.

Una Organización en la que sus ejecutivos desconocieran el fin de la misma, estaría condenada a desaparecer, pues jamás avanzaría en el sentido deseado.

Existe una práctica operativa en estas oficinas ejecutivas de las organizaciones, que desde mi punto de vista, puede ser muy ilustrativa sobre lo que debe ser nuestra actitud ante el fin último de nuestra existencia.

Me refiero a los acuerdos que los Ejecutivos tienen periódicamente con sus Jefes Superiores inmediatos, para platicar y tomar decisiones sobre los asuntos más importantes, aquellos que por su naturaleza y que por lo que pueden implicar, van a detener o incluso hacer retroceder a la Organización en su objetivo, o bien van a darle impulso para ir avanzando y mejorando.

Estos ejecutivos, previo a su acuerdo, se reúnen con sus colaboradores cercanos y preparan el material que van a llevar a la junta con su Superior.

Es muy importante tomar en cuenta que el tiempo con el que cuentan es limitado, deben seleccionar que asuntos son los que más le interesan, aunque por supuesto deberá llevar otros que previamente su Jefe le haya pedido.

Esto no quiere decir que estos Eecutivos no puedan en ningún otro momento comunicarse con su Jefe, pero a lo mejor es a través de una llamada telefónica, un mail, o hasta un encuentro rápido; sin embargo, no es lo mismo que el Acuerdo, en el cual el Superior concede tiempo específico a su colaborador, y le atiende en forma particular.

Para este acuerdo, tanto el Jefe como el subordinado deben poner toda su atención, y requieren para ello un ambiente adecuado, pues de otra manera, es difícil que los resultados de su Acuerdo sean buenos. Recuerdo un caso de la vida real, de un Jefe mío, que debido a que se estaban remodelando las oficinas, tenía sus acuerdos ¡en el coche!. Sinceramente durante esas épocas los problemas aumentaron, se perdió tiempo en muchas cosas, hubo malentendidos, etc.

En nuestra vida, algunas personas van teniendo en el transcurso de su vida, algunas incluso con mucha frecuencia, comunicación con Nuestro Señor.

Existen casos en que los ejecutivos no hablan directamente a su Jefe, sino que a través de un colaborador cercano de él, recaban su opinión, y en ocasiones hasta aclaran su duda y toman una decisión sobre lo que van a hacer.

Así también, muchos católicos se sientes más tranquilos de pedir la intercesión de algún santo o bien de la Reina de todos ellos, la Santísima Virgen, y así obtenemos luz sobre algunos puntos de nuestra vida que nos tienen inquietos.

Pero quiero regresar al objetivo central de mi artículo, quiero referirme a los Congregantes y al símil que tienen estos acuerdos ejecutivos, con el de los que asistimos a Ejercicios Espirituales.

En unos Ejercicios Espirituales, tenemos un encuentro personal y directo con Nuestro Señor, ciertamente con Él no hay el problema de que en nuestra comunicación cotidiana no nos atienda debidamente, Él es perfecto, pero nosotros definitivamente no. Nosotros somos los que fallamos, los que nos distraemos con cualquier cosa, y no aprovechamos estos contactos con Nuestro Señor.

En pocas palabras, necesitamos «preparar» nuestro Acuerdo con Él, y necesitamos de un colaborador que nos ayude a organizarlo, pues si no planteamos adecuadamente las cosas, difícilmente vamos a entender el mensaje que recibimos, la instrucción de lo que nuestro Jefe quiere de nosotros para el fin de «nuestra Organización».

Bueno, pues los Congregantes tenemos un cuerpo de Asesores especialmente capacitados para ayudarnos a preparar nuestro Acuerdo, a organizar nuestra comunicación personal con nuestro Jefe, con Nuestro Señor.

Ese papel lo desempeña el Director de los Ejercicios, él nos empieza a recordar puntos que probablemente deben estar en nuestro Acuerdo y que a lo mejor no hemos preparado adecuadamente, o a lo mejor ni siquiera habíamos considerado.

En las Organizaciones, los ejecutivos tienen acuerdos semanales o quincenales, es muy raro que lleguen a ser mensuales, ¿qué pasa en nuestro caso? ¿Con qué frecuencia podemos hacer Ejercicios? ¿qué tan importantes son los asuntos que tenemos que tratar con Él, en relación a los que se pueden tratar en una organización humana?

En fin, yo invito a todos los están leyendo esto, a su Acuerdo, para revisar como están actuando respecto al fin último para el que están aquí, a lo mejor ha pasado mucho tiempo, y les va a costar trabajo organizarlo, o nunca han tenido uno formal, pero tengan por seguro que tendrán en su Director el mejor de los guías, también les aseguro que su ACUERDO (con mayúsculas, pues es el más importante que podemos tener), «no será en el coche, de prisa y con múltiples distracciones...», el ambiente que pueden encontrar para su Acuerdo (en silencio y encierro), en la Casa de Ejercicios San José (con la que cuenta nuestras Congregaciones), puede ayuda muchísimo a que éste sea productivo.

Bueno, la vida de cada uno, es el asunto más importante, es lo natural, no quiere decir que ignoremos a nuestro prójimo o nos aislemos de los demás, más bien el punto es que al revisar en nuestro «ACUERDO» el asunto, seguramente saldrán muchas determinaciones en las que se verán beneficiados de los que nos rodean.

Nuestro Jefe, no nos pone fechas para que tengamos ese «ACUERDO», Él no tiene problema de tiempo ni de otras ocupaciones, siempre está disponible y esperándonos, nosotros somos los que tenemos limitaciones de todo tipo, pero no podemos dejar que el asunto más importante de nuestra vida, se maneje al «ahí se va», ni que las cosas humanas, finitas y de trascendencia limitada, sean puestas por nosotros en un nivel superior. Es muy sencillo captar lo que realmente es importante, empecemos por meditarlo y actuemos en consecuencia.

Si no has tenido tu ACUERDO últimamente, es hora de prepararte. Puedes preguntar las fechas al 5514 5687, consultarlo en el anuncio colocado a la salida de la Capilla, o en le sitio web www.congregacionesmarianas.org.

Pero incluso si vives en otra parte, podemos tratar de ayudarte a localizar en donde realizarlos, escribe a  retiros@congregagacionesmarianas.org

Dedicado en especial a mi amigo y muchas veces Jefe, el Act. Fernando Agraz Rojas. Desarrollado por el C. M. Act. Alfonso de Jesús Marín González, Editor del sitio web de las Congregaciones Marianas.