ARROGANCIA
Cuando
el Hijo vino a los suyos, éstos no le recibieron. La "arrogancia" del pueblo
elegido debería consistir en la fe en Dios y su Palabra. Pero el Verbo encarnado
no encontró esa fe.
Aquel pueblo había fijado, desde hacía mucho, su propia relación con Dios, pensando que no había que cambiar nada.
Le parecía que su alianza con Dios era una razón para no dejarle acercarse más, y que su obediencia de antaño le dispensaba ahora de escuchar más de cerca lo que Dios quería decirle.
El
Hijo no encontró ya fe en el pueblo que creía en el Padre, porque era ya
demasiado "creyente". Sin embargo, encontró esta fe, por ejemplo, en aquel
centurión de los ejércitos paganos que ocupaban el país.
El que todo lo sabe desde siempre se admiró. Durante toda su vida esta admiración permaneció en el corazón del Hijo del hombre y también la conmoción respecto a muchos que parecen estar fuera y están dentro, y otros que, nacidos ciudadanos del Reino, serán arrojados a las tinieblas exteriores.
Y es que la fe sin condiciones, con frecuencia
brota más fácilmente del corazón de los «no creyentes», que del corazón de
aquellos fieles ortodoxos de «toda la vida», y el cielo encuentra la penitencia
sincera, más en los pecadores, que en los que piensan que no necesitan
penitencia.
Autor:
K. Rahner, Glaube, 1971