LA VIRGEN MARÍA, AMPARO DE LA FE
En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación, darte gracias
siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno,
por todas las grandes maravillas de amor y de gracia
que has realizado misericordiosamente
en la Virgen, Madre de tu Hijo.

Ella, concebida sin pecado,
no fue contaminada por la corrupción del sepulcro;
pues, siendo intacta en su virginidad,
fue constituida tálamo precioso
del cual salió Cristo,
luz de las gentes y esposo de la Iglesia:
gloriosa en su Descendencia,
es esperanza de los fieles
y amparo de nuestra fe.
Por eso,
como los ángeles te cantan en el cielo,
así nosotros en la tierra te aclamamos.