El Beato Juan Pablo II, dijo en un Sínodo de Obispos en 1984, algo que sigue teniendo vigencia:
Ante
las pruebas que agitan hoy a la Iglesia -el fenómeno de la secularización, que
amenaza con disolver o marginar la fe, la falta de vocaciones sacerdotales y
religiosas, las dificultades con las que se encuentran las familias para vivir
un matrimonio cristiano-, hace falta recordar la necesidad de la oración.
La gracia de la renovación o de la conversión, no se darán más que a una Iglesia en oración. Jesús oraba en Getsemaní para que su pasión correspondiera a la voluntad del Padre, a la salvación del mundo. Suplicaba a sus apóstoles que velaran y oraran para no entrar en tentación (cf. Mt 26,41).
Habituemos a nuestro pueblo cristiano, personas y comunidades, a mantener una oración ardiente al Señor, con María.