15 de Agosto

Asunción de la Santísima Virgen a los Cielos

La imagen soberana de María brilla radiante de luz en la exaltación suprema a que puede llegar una criatura. 

¡Qué escena de gracia, de dulzura, de solemnidad, la dormición de María, como los cristianos de Oriente la contemplan! 

Tendida en el sueño plácido de la muerte, Jesús está a su lado, la estrecha contra su corazón, como si el alma de María fuese un niño, para indicar el prodigio de la inmediata resurrección y glorificación.

Los cristianos de Occidente prefieren, alzando los ojos y el corazón, seguir a María que es llevada en cuerpo y alma al reino de la eternidad. 

Así la han visto y representado los artistas más insignes, incomparable de divina belleza.

Sigámosla también nosotros, dejémonos también arrebatar en el angélico cortejo.

Motivo de consuelo y confianza, en días de dolor, para esas almas privilegiadas -como todos podemos ser, sólo necesitamos responder a la gracia- que Dios prepara en el silencio para el triunfo más hermoso, el triunfo del altar.

El misterio de la Asunción nos hace familiar el pensamiento de la muerte, de nuestra muerte, y derrama en nosotros una luz de plácido abandono; nos familiariza y reconcilia con la idea de que el Señor estará, como quisiéramos que estuviera, cercano a nuestra agonía, para recoger en sus manos nuestra alma inmortal.

Juan XXIII