ESPIRITUALIDAD DE LAS CONGREGACIONES MARIANAS. Éxitos y fracasos.
Del libro de ,H. Rahner, S. J. sobre Ignacio de Loyola transcribo el siguiente párrafo:
"Fabro
es maestro en el coloquio y en la dirección espiritual,
y en el arte de dar ejercicios sólo Ignacio lo superó. Con ellos consiguió
resonantes triunfos en toda Europa. La visión de Ignacio sobre la
eficacia de sus ejercicios no ha sido desmentida. Sus enemigos no han podido
evitar que sigan su curso inalterable. Los ejercicios no han muerto;
son de actualidad lo mismo o más que entonces. Rebajar su mérito, desdeñarlos,
es insultar una limpia ejecutoria de cuatro siglos de espiritualidad
renovada”.
La
espiritualidad de las Congregaciones Marianas. es la de los ejercicios
Ignacianos que inspiran, iluminan y proporcionan recursos para vivir
comprometidamente las promesas
del bautismo. Esa espiritualidad es, como San Ignacio decía, del "siempre
más".
Siempre
más santidad, la mayor posible, en el congregante mariano para que su influjo saludable beneficie a las almas,
fomentando una vida piadosa con la práctica de las obras de caridad en favor de
los más necesitados. La doctrina cristiana nos enseña y al mismo tiempo nos
pide que visitemos a los enfermos
y encarcelados. Cada vez más perfecto el ajuste entre la fe y la moral para un
testimonio cristiano congruente y convincente. Cada vez más en actitud apostólica;
cada congregante mariano convertido, por la gracia divina, en verdadero apóstol
de la Gloria de Dios y de su Santísima
Madre,
procurará atraer a las Congregaciones Marianas a todos aquellos que viere aptos
para agregarse a ellas. El celo apostólico se manifestara a través de las
obras de misericordia corporales y espirituales.
El
congregante mariano con perseverancia infatigable ha de ser cada vez más
generoso, más valiente, más piadoso y también más humilde, y con esos
presupuestos, bajo los auspicios protectores de la Santísima Virgen María,
ganar para Cristo a los hombres de hoy, luchando por la verdad con las armas de
la verdad.
Cada
vez más, necesitamos de gente joven con espíritu generoso, para promover, en
este tiempo como en otros, los intereses de Cristo y de su Iglesia.
Siempre
más intensa la devoción Mariana porque María, nuestra Madre, es la Patrona
principal y nuestro afecto para con ella ha de ser especial. El congregante
mariano procura imitar sus altísimas virtudes, se confía a ella y con pie dad
filial la ama y la sirve.
Alguna
vez su Santidad Pablo VI saludó a las Congregaciones Marianas de todo el mundo
con las siguientes palabras:
"Cuánta
materia de admiración y reflexión para
nosotros ...al saber que la vuestra se polariza en torno a la Bienaventurada
Virgen María, que nos ha dado a Cristo, y que nace de la devoción a los
misterios y a las virtudes de Jesús y de María, fundamento magnífico de
vuestra espiritualidad ...los ejercicios Ignacianos son eminentemente
cristológicos."
La
CONSAGRACION a la Madre de Dios en las
Congregaciones Marianas es un don completo de sí
mismo, don que no es de pura fórmula o de puro sentimiento, sino efectivo,
realizado en la intensidad de la vida cristiana y mariana, en la
vida apostólica que hace del congregante mariano el ministro de María y sus
manos visibles en la tierra.
Por
su consagración, el congregante mariano acepta libre y resueltamente su triple
consigna: santificación, apostolado y defensa de la Iglesia de Cristo.
La
Consagración a la Santísima Virgen María nos compromete a servir a la Iglesia
y procurar la salvación eterna de las almas, por la oración, la acción y el
ejemplo de las virtudes, también a vivir una vida cristiana ferviente, mas
apostólica y más militante, cumpliendo con las reglas de la Congregación,
imitando las virtudes de María Santísima, rindiéndole culto y servicio y a
ser sus devotos heraldos procurando en nada causarle desagrado.
Los
congregantes siempre están bajo la mirada amorosa de María la Virgen y ocupan
de ella una particularísima atención, son guiados por ella para alcanzar la
perfección cristiana, cuentan con su protección y auxilio y llegan a ser
perfectos seguidores de Cristo; la Consagración es un refugio contra las
tentaciones, un motivo de confianza en la oración, un estímulo en la lucha de
todos los días al servicio de Dios, nos hace de su propiedad y por eso aleja de
nosotros los malos pensamientos, nos da valor
para emprender grandes cosas, para vencer el respeto humano, para aplastar el
egoísmo, para servir y obedecer pacientemente, nos inclina a la
pureza a la humildad y a la caridad, al odio del pecado para resistirlo y
combatirlo.
El
congregante mariano, orgulloso de pertenecer a Jesús y María, sabe que ella lo
incita a hacer todo aquello que Jesús manda o desea y así se hace posible el
lema mariano que reza: A JESUS POR
MARIA. 
La
Iglesia ha encomendado a las Congregaciones Marianas el apostolado de todo género,
siendo la lista de actividades muy diversa:
Apostolado
de los Ejercicios Espirituales, de la oración, del dolor, de la Palabra, de la
pluma, de la prensa, 'de la controversia, en la política, en la apologética,
el fomento de la Eucaristía, en la catequesis y evangelización, la visita a
los enfermos en sus casas y hospitales, a los reclusos en las cárceles, a los pobres,
a los niños abandonados y a los hogares desolados, persiguiendo la
inmoralidad pública y en la justicia peleando por los derechos humanos, entre
obreros y patrones, en Universidades y centros educativos, entre profesionales y
políticos y en las cumbres del poder.
Las
Congregaciones Marianas dependen enteramente de la Jerarquía eclesiástica en
lo tocante a emprender y
realizar sus obras. El trabajo de las Congregaciones Marianas por la salvación
de las almas se lleva a cabo bajo la dirección de los Sagrados Pastores y por
eso se deben llamar, con toda razón, cooperadores del apostolado jerárquico.
El
apostolado de los seglares consiste en que estos asuman tareas que se deriven de
la misión confiada por Cristo a su Iglesia; todos los miembros
de ella están llamados a colaborar en la edificación y perfeccionamiento del
Cuerpo Místico de Cristo; el apostolado seglar se ha de colocar
entre los principales deberes de la vida cristiana.
Como
miembros de la Iglesia, en ella y con ella, alabar al Creador, reprobar lo que
ella no apruebe, sentir con ella como ella, sin avergonzarnos nunca de nuestra
pertenencia, ni en lo privado ni en lo público, fieles
y obedientes porque es nuestra Madre y Maestra.
Digamos
algo acerca de lo que son las Congregaciones Marianas:
Son
como un pacífico ejército
Mariano que se procura, diligentemente, una sólida formación espiritual en la
que apoya su actividad apostólica. No son simples asociaciones de piedad, sino
escuelas de perfección y de apostolado para aquellos
que desean responder con generosidad a los impulsos de la gracia, a buscar y
practicar en todo, la Voluntad Divina.
Las
Congregaciones Marianas son asociaciones llenas de Espíritu Apostólico que
estimulando a sus miembros en el camino de la santidad, los inducen a trabajar
por la eterna salvación y perfección cristiana propia y del prójimo haciendo
de ellos verdaderos apóstoles de la Virgen María Madre de Dios y excelentes
proclamadores del Reino de Cristo. Las Congregaciones Marianas. pueden llamarse
con pleno derecho Acción Católica bajo la autoridad de la Jerarquía Eclesiástica.
Las normas y leyes de las Congregaciones Marianas llevan de la mano a tal excelencia espiritual, haciendo accesibles las cumbres de la santidad gracias a los medios que tan provechosamente hacen de sus consagrados, perfectos y absolutos seguidores de Cristo; tales medios son:
Los Ejercicios Espirituales; la meditación y el examen de conciencia; la vida de la gracia a través de los Sacramentos; el trato sumiso y filial con un director espiritual fijo.
La Consagración total y
perpetua de sí mismo al servicio de la Virgen y
la
firme promesa de trabajar en la perfección cristiana personal y de los
hermanos.
Y
ahora, algo acerca del Congregante
Mariano:
La
vida del congregante mariano se nutre de las fuentes de la piedad cristiana y
busca el impulso de la caridad para la acción. Los Congregantes Marianos
abrazan gustosos una vida consagrada y dedicada a la santidad y el apostolado
porque se han comprometido a seguir fielmente este género de vida hasta la
muerte. Brota así, el afán de avanzar más y más en aquella admirable actitud
del alma, de no buscar en todas las cosas, sino el beneplácito divino,
sirviendo a la Iglesia en la procuración constante de salvar almas por la oración
y el ejemplo de las virtudes.
Así
pues, las fuentes de su espíritu apostólico son: la oración, la piedad, la
Eucaristía, la vida interior sobreabundante, la vida fervorosa, crecimiento
incesante en el amor de Dios como fundamento del celo por las almas, sin la
cual, no hay verdaderas CONGREGACIONES MARIANAS.
El
desbordamiento de una vida interior intensa se ha de traducir en una caridad
sobrenatural, entregada y
paciente, que toque y llegue al alma del prójimo.
Éxitos:
Sí, por la Gracia de Dios las Congregaciones Marianas, nacieron de la Compañía
de Jesús en el siglo XVI, luego, de ellas a su vez, han nacido innumerables
vocaciones sacerdotales, no solo para esa misma Compañía, sino también para
otras órdenes o congregaciones.
De
las Congregaciones Marianas de la Parroquia del Verbo Encarnado y Sagrada
Familia de la Col. Roma (5ta.Vicaría, 1er. Decanato) han surgido: dos jesuitas,
dos dominicos, un franciscano, dos diocesanos y un Legionario de Cristo, dos diáconos,
dos vocaciones a la vida consagrada femenina, nueve a diez matrimonios
cristianos entre congregantes marianos. Y de las mismas Congregaciones Marianas
en Europa y a lo largo de la historia, para mayor Gloria de Dios, cerca de
veinte de nuestros queridos Papas Congregantes han surgido de ellas.
Fracasos:
ninguno, porque "Aunque la higuera no echa yemas y las viñas no tienen
fruto, aunque el olivo olvida su aceituna y los campos no dan cosechas, aunque
se acaban las ovejas del redil y no quedan vacas en el
establo, yo exultaré en el Señor, me gloriaré en Dios mi salvador"
(Ha.3,17-18).
Porque
el Señor, es el Señor de la Historia y, ¡el triunfo es del amor!.
Este
trabajo fue preparado por el C. M. Dr. .Alejo Soto Lara, a partir de la
obra del R. P. Clemente Espinosa, S. J. que se titula: MAGISTERIO
PONTIFICIO sobre las Congregaciones Marianas.