EL PROCESO DE DISCERNIMIENTO

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El discernimiento es un proceso espiritual que busca distinguir las mociones del Espíritu en nuestro corazón, la presencia de Dios en las realidades humanas que están llamando a nuestra libertad hacia una decisión.

El proceso de discernimiento sucede dentro del hombre, que busca percibir en su interior cuales son los movimientos de Dios y cuales solo ilusiones. Desde la más lejana antigüedad, vemos la existencia del hombre poblada de seres buenos y malos, quo lo atraen y lo disputan. La descripción del comienzo de la humanidad en la Escritura parece querer decirnos cómo la tradición bíblica concebía la historia de la humanidad: como una disputa, entre Dios y la serpiente mentirosa. Este comienzo quiere significar una dimensión de toda la vida humana: vida sujeta a los engaños de la fuerza del mal y a las solicitaciones de Dios.

El problema del discernimiento espiritual es fundamental para el cristiano, pues se trata de detectar la voluntad de Dios sobre nuestra vida y responder a ella con verdad y fidelidad.

El discernimiento es tanto más necesario cuanto no tenemos percepción inmediata de esa voluntad de Dios. Normalmente, Dios no se nos revela de manera directa, sino que tenemos que recurrir a criterios para descubrirlo presente en las realidades humanas. Esto es discernir.

No es de extrañar que se haya construido una larga tradición sobre el discernimiento ya desde el Antiguo Testamento, en busca del conocimiento de la voluntad de Dios en medio de las peripecias de la vida humana.

La modernidad y pos-modernidad en que nos ha tocado vivir, incitan el subjetivismo hasta el extremo, y en vez de buscarse la voluntad de Dios, en ocasiones se proyectan los deseos propios, como si fuesen la voluntad de Dios.

El contexto del discernimiento debe de ser necesariamente religioso. Es un ejercicio espiritual, diría san Ignacio, que depende de la comprensión que se tenga de Dios. Hay contextos religiosos que lo posibilitan e incluso otros que lo impiden.

El discernimiento de la voluntad de Dios se sitúa necesariamente en el horizonte de la fe. Y la fe se entiende únicamente como dialogo de la libertad humana con la Revelación de Dios. Sin la fe en la posibilidad y realidad de que Dios puede y quiere entrar en relación personal con cada uno de nosotros, no se comprende el discernimiento.

Dios, en su infinita libertad, vuelto hacia nosotros, seres humanos, quiere comunicarse con nosotros. Los impedimentos se encuentran de nuestro lado. A medida que nuestra conciencia y libertad se abren a esa comunicación, se establece el contacto entre Dios y nosotros. En particular, nosotros los cristianos, confesamos nuestra fe en Cristo y en su doctrina.

Ahora, la vida cristiana es muy clara en su finalidad, propone nada más y nada menos que un seguimiento-imitación de Cristo hasta la entrega total de sí mismo. No hay duda. Ser cristiano es un cambio total de vida, de mentalidad, de modo de pensar, de juzgar...... Al cristiano no se le pone limite en el amor: se le pide crecer siempre, no parar nunca, tender hacia la imitación de Dios.

Nos desenvolvemos en un esquema de memorias y amnesias, pero el criterio de selección es muchas veces el de nuestros intereses ideológicos; éstos necesitan ser desenmascarados continuamente. Por eso, en un primer momento del discernimiento, tenemos que colocar delante de los ojos lo que significa para nosotros seguir a Cristo, como nuestra meta y nuestro ideal.

Conscientes de que todos los medios son ambiguos, imperfectos y transitorios, el discernimiento nos es absolutamente necesario para no extraviarnos con la propaganda, con las presiones del medio, con los propios prejuicios, con las tradiciones férreas. Como seres históricos, vivimos sumergidos en tradiciones, en el ambiente circundante, que nos envuelve consciente e inconscientemente. Muchas decisiones son tomadas automáticamente, sin que nos demos cuenta de sus motivos profundos, sin confrontarlas con el Evangelio.

Y no se trata sólo de decisiones intrascendentes, sino de algunas de gran importancia para nuestra vida. La mayoría de los cristianos toma tales resoluciones sin cuestionarse por las fuerzas que las motivan.

Vivimos decidiendo hasta el último día de nuestro vida consciente y libre. Donde hay opción, debe haber discernimiento, de otro modo, actuaríamos de un modo irresponsable e inconsciente.

Cuanto más grave es la decisión, cuanto más se aparta del común de las personas, cuanto más libre se quiere ser, tanto más serio debe ser el proceso de discernimiento.

En la raíz de toda decisión del cristiano, está la conciencia de que Dios no se agota en ninguna forma. Cristo glorioso puede ser seguido e imitado siempre de nuevas maneras, que involucren permanentemente la precariedad de lo humano y la trascendencia de Dios. La fe, aunque envuelta por el misterio y no por la certeza de la evidencia de lo verificable, arroja luces sobre el camino del cristiano.

No deberíamos olvidar que el "discernimiento" tendría que ser una actitud de toda la vida. Por lo tanto, debería entrar en el proceso pedagógico formativo. Nuestra juventud se prepara para llevar una vida cristiana, a través del aprendizaje de verdades y valores ya aplicados y concretados en el mundo en que está viviendo. Esto es importante: sin embargo, no basta. Surgirán ocasiones nuevas: los valores sufren profundas transformaciones. Los jóvenes van a enfrentarse con otro universo de valores en la experiencia que los espera en su vida profesional. Sin una verdadera formación para el discernimiento creativo, no estarán en condiciones de comportarse cristianamente, o percibirán como inútil lo aprendido, para efecto de esas nuevas situaciones y las enfrentarán desprovistos de cualquier elemento cristiano.

Solamente la práctica del discernimiento hará posible asumir posiciones nuevas sin que lo aprendido sea descartado totalmente, sino que será asumido en la novedad que surge. Enseñar a aprender, en lugar de enseñar lo aprendido, es una tarea pedagógica difícil.

El discernimiento no es "aprendido", es un proceso creativo en movimiento.

Los congregantes marianos, tenemos en nuestro modelo de espiritualidad ignaciano, una metodología de probados resultados para aprender este arte de discernir la voluntad de Dios.

Que nuestra Madre Santísima nos ilumine y nos dé convicción para participar en estas experiencias espirituales que Dios ha puesto tan cerca de nosotros dentro de la misma Congregación, en la cual contamos con una sección de retiros y ejercicios , que bajo su benevolente amparo, ha prevalecido a través de los años, y ha permitido a muchos hermanos nuestros, no necesariamente congregantes, la posibilidad de conocer la voluntad de Dios sobre sus vidas.

A Jesús por María

Narración del C. M. Alfonso de Jesús Marín González, basado en algunas ideas presentadas en los libros “Discernimiento Espiritual”, de Juan Bautista Libanio, de la Ediciones Paulinas, Traducción al español, Buenos Aires; y en “Discernimiento y Mediaciones Socio-Políticas” de Joao B. Libanio, S.J. volumen 8 de la Colección Ignaciana de Obra Nacional de la Buena Prensa, México 2000.